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lunes, 21 de diciembre de 2009

Navidad Para Todos




En Diciembre la nieve caía  y todo se teñía de color blanco; los niños y niñas preparaban los adornos navideños con su familia mientras cantaban villancicos.
La Navidad es una fiesta en la que todos nos reunimos con la familia y amigos... todos menos un pequeño gatito que no tenía a nadie con quién pasarla.

El pobre no sabía adónde ir, se había perdido unos días atrás y no tenía dueños ni familia. Andando por la calle se fijó en un cubo de basura que estaba abierto y se acercó a mirar; empezó a buscar comida y algo se movió... ¡qué susto!, un ratón salió corriendo entre las patas del gato.

-Espera-. Dijo el gatito.

-¿Quieres que me quede aquí a ver cómo me comes? A lo mejor te crees que soy tonto- dijo el ratón un poco chulito.

-No voy a comerte, sólo quiero hablar contigo un ratito. Nunca he comido ratones- dijo el gatito con pena.

-O sea que eres tonto. ¿Nadie te ha dicho que los gatos comen ratones?, ¡y yo no pienso ser tu cena! Adiós atontao- el ratón se dio media vuelta y moviendo el rabo con mucha chulería empezó a correr.

El gatito se quedó un poco triste... Siguió su camino entre las calles y oyó ladrar a un perro. Pensó en acercarse a charlar un rato.

-Hola ¿qué estás haciendo?- preguntó el gatito un poco temeroso.

-Estoy ladrando.

-¿Y por qué ladras?

-¡Porque he visto un gato!- contestó el perro cada vez más enfadado.

-Te has debido de confundir, yo no he visto ningún gato por aquí- contestó el gatito.

-¿No? Pues yo te miro a ti y veo uno. ¿Nadie te ha dicho que los perros persiguen a los gatos?-.

En eso pasó por allí el ratón de la basura y se acercó a ellos para cotillear un poco. El gatito miró al perro, y luego al ratón y les propuso que pasaran la noche los tres juntos, así no estarían solos. Tardó un rato en convencerlos, pero al final se quedaron con él.
 
Como hacía mucho frío y el suelo estaba lleno de nieve, se metieron los tres debajo de un carro de madera y se arrimaron mucho para darse calor. Esa noche se contaron muchas cosas.

El gatito les contó que se había perdido de la camada de su mamá, y que buscaba un dueño que le quisiera y le mimara.

El perro no quería tener dueño porque el que tenía le abandonó.

El ratón nació en una alcantarilla y un día que salió a explorar la ciudad, no volvió a encontrar su casa.
Se hicieron muy buenos amigos y decidieron no separarse nunca.
 
Por la mañana emprendieron el camino a ninguna parte. Las calles estaban llenas de adornos brillantes, y los niños y niñas cantaban villancicos mientras tocaban la pandereta, otros se entretenían en hacer un muñeco de nieve.

-¡Ay! Como me gustaría que uno de esos niños me cogiera y se quedara conmigo- dijo el gatito un poco melancólico.

-¿Para que luego te abandonen como hicieron conmigo?- contestó el perro a su nuevo amigo.

-O a lo mejor te pegan un escobazo, ¿por qué las mujeres tendrán esa manía de liarse a escobazos conmigo?, los ratones no nos comemos a nadie, y menos a una señora.

Pensaron que lo mejor sería salir de la ciudad para protegerse de los humanos, que se ponen muy pesados en la Navidad con tanta pandereta y tanto cantar.

En su viaje a ninguna parte vieron una casa muy grande, en medio del campo, y se dirigieron a ella con la esperanza de calentarse. Era una granja llena de animales de muchas clases. Un niño se les acercó por detrás con un plato de comida para cada uno.

-¡Vamos! No tengáis miedo, seguro que tenéis frío y hambre. Comed todo lo que os apetezca, y luego podéis dormir en el granero.

El perro, el gato y el ratón se acercaron a la comida muy despacio, no se fiaban demasiado, pero tenían hambre...

El niño se sentó cerca de ellos mientras comían y dijo: 

-Me llamo Ismael, y tengo una hermanita que se llama Daniela. Nos encanta cuidar de los animales, ¿queréis quedaros aquí a vivir?-.

Les puso un nombre a cada uno, al perro le llamó Tierra, por su color, al gato Nieve, porque era todo blanco, y al ratón le llamó Peque, por ser tan pequeñito. 
A Tierra, Nieve y Peque les gustó mucho su nombre, y los tres se le acercaron sin miedo. 
Peque correteaba entre las manos de Ismael, Nieve le lamía los pies y Tierra le acercaba el hocico mientras movía el rabo. Se sintieron tan bien que se quedaron a vivir en la granja.

En Nochebuena la familia de Ismael se reunió para cenar, Tierra, Nieve y Peque cenaron con ellos y luego jugaron con los niños, ¡cuánto cariño recibieron!

Estaban muy felices en su nueva casa, y como tres buenos amigos, durmieron juntos cerca de la chimenea, esperando a Papá Noel para darle las gracias por su nuevo hogar.

… Y naranja, anaranjado, este cuento ha terminado… ¿Os ha gustado?

*Cuchu*

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