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viernes, 8 de octubre de 2010

Duna y La Luna


En el patio de su nuevo colegio Duna se acercó a sus compañeras de clase; estaban hablando de sus mamás… ella no había comentado nada sobre la suya porque nunca había estado con ella. Por ese motivo era una niña reservada, que no solía hablar de sus cosas.

-Mi madre hace una tarta de ciruelas ¡de relamerse hasta los dedos!, mañana me voy a traer una para invitaros porque es mi cumple. ¡Os va a encantar! –contaba Berta relamiéndose.

-Qué suerte tienes; la mía es un desastre en la cocina jaja; pero me encanta ir con ella de compras ¡parecemos amiguitas! –dijo Noelia con cara de oso amoroso.

Duna no pudo evitar sentir envidia, sin embargo decidió hablar sobre su madre. Le apetecía que supieran lo especial que era… llevaba toda su vida escondiendo la verdad.

-Yo no puedo estar con mi madre, pero es la más hermosa de todas las madres – contesta Duna a sus amigas con orgullo y cierta melancolía.
S
us compañeras de clase se quedaron mirándola sin entender qué quería decir Duna. Le preguntaron por qué no podía estar con su madre.

-Mi madre es la Luna, por eso no puedo estar con ella. Tiene que estar en el cielo cuidando a las estrellas.

¡Jajajajjaa! Las niñas rieron pensando que Duna les estaba tomando el pelo.

-¿Qué es tan gracioso? –preguntó Duna enfadada por las risas de Berta y Noelia.

-La Luna es un satélite que da vueltas alrededor de la Tierra. No es una persona ¿acaso piensas que soy tonta? – respondió Berta con aires de sabionda.

-Es verdad lo que dice Berta. No está bien burlarse de las amigas Duna, si no quieres contar nada de tu madre no lo hagas; pero no esperes que nos dejemos engañar.- Dijo Noelia un poco molesta. No le gustaba que la tomaran por tonta.

-¡No estoy mintiendo! Si fuerais verdaderas amigas no dudaríais de mi palabra. Algún día os demostraré que digo la verdad. ¿No veis que mi pelo es casi plateado? ¿Por qué creéis que mis ojos son color azul noche y mi piel tan blanca? – Contestó Duna a punto de llorar.
Se sintió tan mal, que se fue a un rincón del patio, para no tener que hablar con nadie el resto del recreo. Empezó a pensar si no la estaría engañando su padre.

****
El dormitorio de Duna estaba decorado de forma muy sencilla. Una cama, una mesita de noche, un gran arcón lleno de juguetes, algunos estantes llenos de muñecas y en la pared que está frente a la ventana había un espejo, en el que se reflejaba la Luna por las noches. Justo al lado del espejo, había una mecedora, en la que estaba sentado su padre, como cada noche, a punto de leerle un cuento. Antes de que empezara a leer Duna le contó lo del colegio.

-Hoy mis compañeras de clase se han reído de mí por decirles quién es mi madre. Después, en clase se lo han contado a la señorita. ¿Sabes que ha pasado? Me ha dicho que tengo demasiada imaginación, y que sería mejor que fueras a hablar con el psicólogo del colegio. Papá me siento una tonta... La Luna es un satélite de la tierra; ¿cómo puede ser mi madre?, por qué me cuentas esa mentira. Prefiero que me digas la verdad aunque sea algo malo. Hoy se me ha pasado por la cabeza que mi madre me abandonó, y que te has inventado esa historia de la Luna para que no sufra. ¿Por qué no me dices la verdad? – Duna lloraba desconsoladamente mientras hablaba.

Su padre pensó que ya era hora de contarle toda la historia…

-Cariño no te cuento mentiras. La Luna es tu madre. Siempre ha estado enamorada de la Tierra. Soñaba con ser humana y cumplir su mayor deseo, ser madre; pero el Sol se puso celoso y siempre le decía que esperase un poco más. Harta de esperar a que el Sol le diera permiso, decidió convertirse en humana en cuanto fue Luna llena, requisito imprescindible para poder usar sus poderes. Aunque le estaba prohibido, ella desobedeció transformándose en una bellísima joven. Yo la encontré un poco desorientada a las afueras del pueblo y me enamoré de ella nada más verla. No sabía que era la Luna y ella tampoco me lo dijo. Viajamos juntos a lugares recónditos, visitamos China, Rusia, grandes lagos y mares; vivimos muchas aventuras por toda la Tierra; ella estaba deseosa de conocer nuestro planeta. Con el tiempo se enamoró de mí y nos casamos. Al año de nuestra boda naciste tú, preciosa Duna. Éramos los seres más felices del Universo.- Su padre sonreía, recordando cada momento, mientras iba contando a su hija toda la historia.

-Y mientras ella estaba aquí abajo, ¿cómo es que el Sol no se dio cuenta que no había Luna? – preguntó la niña cada vez más curiosa. Estaba fascinada con la narración de su padre.

-No se dio cuenta porque una pequeña estrella, a la que la Luna hizo un favor tiempo atrás, se ofreció para ayudarla... se transformó en una luna para ocupar el lugar de tu madre; pero eso no duró siempre, el día de tu primer cumpleaños, el Sol descubrió el engaño. Le ordenó que volviera a ocupar su lugar esa misma noche. En ese momento, tú madre me contó quien era en realidad. Suplicó que la dejaran aquí contigo; pero el Sol no le perdonaba el engaño, y como castigo le quitaron el poder de transformarse en humana. - El padre de Duna no pudo evitar las lágrimas al relatar la historia.

-Papi… ¿por qué no le hiciste una foto?, al menos podría verla como era.- Duna sentía tanta necesidad de conocerla…

-Cariño se las hice más de una vez; pero al ver las fotos todas estaban en blanco- el padre de Duna se limpió una lágrima que resbalaba por su mejilla. Besó a su hija y lanzó un beso a la Luna antes de salir de la habitación.

****
La pequeña Duna, como cada noche, miraba el reflejo de la luna en el espejo, su padre lo puso ahí para que su madre pudiera verla dormir. Se dormía soñando que algún día vendría a buscarla…
Esa misma noche ocurrió que la pequeña tuvo un sueño muy especial. Soñaba que se encontraba en un gran campo de amapolas blancas, miró al cielo y vio descender hacia ella a la mujer más bella de todas. Su pelo era de plata, su vestido blanco y vaporoso, “estoy soñando y nada de esto es real” pensada la pequeña en su sueño. La mujer le dio un beso en la mejilla y con una voz angelical le dijo:

-Sí, estás soñando, pero yo soy real, soy tu madre. Sólo puedo ser humana en tus sueños-.
La niña se abrazó con fuerza a su madre. Se sentó con ella entre las flores.

-Cariño tu padre me sueña cada noche, y me ha contado lo que pasó en el colegio. Ya tienes edad suficiente para que puedas verme cada noche, estaremos juntas y nos contaremos cosas. Seré tu madre en tus sueños. No sufras si se ríen, eres muy especial y no pueden comprenderlo, ¡cuánto daría por poder estar contigo durante el día!-.

La Luna abrazaba a su hija y le cantaba canciones de estrellas y soles. Duna se sintió feliz, la más feliz de las niñas. Por fin había conocido a su madre y se habían abrazado, y aunque fuera en sueños ella lo sintió como si fuera real.

A la mañana siguiente le contó a su padre el sueño…

-Mi niña cuánto me alegro, anoche en mi sueño hablamos sobre ti. Ahora podrás verla siempre que quieras mientras duermes.- Contestó su padre emocionado y contento.

La niña peinó su plateada melena que le recordaba a la de su madre. Esa mañana fue al colegio sonriendo, se sentía muy feliz y estaba emocionada.
Se puso en la fila sintiéndose orgullosa de ser quien era.

-Hola Lunita- saludó Fidel que estaba detrás de ella en la fila.
Duna no hizo caso al comentario del niño.
Berta y Noelia se le acercaron y le pidieron perdón por reírse de ella. Lo cierto es que sus amigas pensaban que Duna era un poco fantasiosa y mentirosilla; pero era una buena amiga y no querían que estuviera enfadada con ellas.
A Duna no le importaba lo que pensaran los demás, sabía que era una niña especial. Se sentía muy afortunada por ser hija de la Luna.
Hizo las paces con sus amigas y a Fidel le contestó:

-Me llamo Duna; pero si quieres llamarme Lunita puedes hacerlo, es un nombre que me encanta – y le sonrió con la mejor de sus sonrisas.

Fidel se sintió tonto y dejó de meterse con ella.
Ahora Duna se veía en sueños cada noche con su madre. Cada vez que se encontraba con ella le contaba las cosas que hacía durante el día. La Luna le contaba preciosas historias del cielo, le hablaba de planetas donde todo cambiaba de color constantemente. En uno de sus sueños la llevó al planeta de las mariposas, era majestuoso verlas revoloteando y formando bellísimas imágenes de colores. Cuando Duna tenía alguna duda, su madre le ayudaba, incluso con los deberes. Una vez su madre le presentó al Sol porque salió antes de que ella se retirase, en algunas ocasiones ocurre que se juntan el Sol y la Luna de madrugada. Cuando el Sol vio a la pequeña, le dio un beso en la mejilla. Duna le miró con enfado y preguntó:

-¿Por qué no dejas que mi madre esté conmigo?, todas las niñas necesitan estar con su madre. Yo siempre he pensado que eres bueno-.

-Soy bueno ¿acaso no lo crees así?-

-Ya no estoy segura, alguien que es bueno no prohíbe a una madre cuidar de su hija-.
El Sol se sintió tan mal, que aquél día amaneció muy nublado. Se sentía avergonzado con Duna...
****
Una mañana, la señorita dijo que debían llevar arcilla a clase, iban a preparar un regalo para el día de la madre. En el recreo Noelia le preguntó a Duna si pensaba hacer algo, ya que ella no tenía madre.

-¡Claro que tengo madre Noelia! Ya conté una vez que es la Luna –contestó Duna con firmeza.

-Si empiezas otra vez con tus mentiras me voy a enfadar contigo –dijo Noelia un poco cansada de las fantasías de su amiga.

-Está bien, vamos a dejar el tema.- Concluyó Duna haciendo caso de los consejos que le daba su madre.

Lo cierto es que Duna se sintió feliz de hacer un regalo para su madre. La semana se le pasó volando; no le contó nada a su padre, quería mantener el secreto. Hizo una luna preciosa, pintada con purpurina plateada; estaba segura que el regalo iba a sorprender a su mami querida.
El viernes les dieron el regalo para que lo guardaran en casa hasta el domingo.
Por la tarde Duna ya no pudo aguantar más y le contó a su padre el secreto. Sacó la luna de arcilla y se la enseñó.

-Cariño ¿cómo vas a entregársela?, no puedes meter el regalo en tus sueños- explicó su padre queriendo impedir que la niña se decepcionara al intentar llevar el regalo a sus sueños.

- Está bien, lo pondré pegado en el espejo, para que pueda verlo desde el cielo. Además soñaré que se lo entrego, así será como si lo diera el de verdad.- Al terminar de decir esto Duna lloró, porque se sintió decepcionada, a pesar de que su padre quiso evitarlo.
En ese momento entendió que nunca podría darle un regalo real a su madre… era un sueño, sólo un sueño cada noche. ¡Nunca podría abrazarla de verdad!

-Duna hija ¿por qué lloras?- preguntó su padre emocionado al ver las lágrimas de la niña.

-Es precioso soñarla cada noche papá… ¡Pero la necesito tanto! ¡Necesito que sea real! Quiero demostrar a mis amigas que no soy una mentirosa. Necesito a mi madre aquí con nosotros, verla de día, que me lleve al colegio, que me regañe; pero que sea cuando estoy despierta, que sea real…- y siguió llorando mucho rato.

Esa noche Duna se asomó a la ventana con su regalo en la mano… miraba a su madre, ¡tan hermosa!, ¡tan inalcanzable! Resbaló una lágrima de sus ojos, yendo a caer encima de la figurita de purpurina, la lunita de arcilla para su madre…
La Luna brilló más que nunca, como queriendo animarla.
En el sueño de esa noche su madre le preguntó:

-Mi vida ¿por qué llorabas en la ventana?-.
Duna le dijo que la necesitaba mucho durante el día…

-No eres real mamá, eres un sueño, ¡te necesito tanto!, quiero verte de día, como a cualquier otra mamá-.

La Luna sintió mucha tristeza por su hija. No sabía cómo consolarla. Pasó toda la noche abrazada a ella, cantándole hasta el amanecer.
Volvieron a encontrarse con el Sol y Duna le dijo con rabia:

-Eres cruel, todos los cuentos te ponen como bueno; pero no lo eres, ¡eres malo! ¡Me has quitado a mi madre!-.

La Luna le pidió disculpas y regañó a su hija por ser tan imprudente:

–El Sol siempre es generoso y bueno cariño; la culpa es mía por haber desobedecido, fui caprichosa y tú estás pagando las consecuencias-.

La niña pidió perdón al Sol y se abrazó a su madre un instante antes de despertar. El Sol volvió a esconderse entre las nubes, ¡se sentía tan culpable por el llanto de Duna!
****
El sábado su padre la llevó al parque de atracciones para animarla; su amiga Noelia la acompañaba. Prometieron no enfadarse más, Duna decidió no hablar de su madre y Noelia prometió no preguntarle más. Se lo pasó muy bien, montaron en todo varias veces, comió algodón de azúcar y muchas chuches más.
Estaba deseando que llegara la hora de dormir, para contarle todo a su madre en sueños.
Volvió a casa cansadísima y cargada de recuerdos de ese día. Después de cenar, pegó la lunita de arcilla en el espejo, así su madre siempre podría verlo, besó a la Luna que se reflejaba en él. Cuando por fin llegó la hora de acostarse, su padre le contó un cuento y se quedó dormida enseguida.
Esa noche empezó su sueño en una pradera junto a un lago. Se sentó a esperar a su madre, que tardó un buen rato en aparecer.

-¿Por qué has tardado tanto? Te echo de menos-.

La Luna estaba vestida con un traje de color plata y se había peinado con el pelo lleno de trenzas.

-Quería estar muy guapa para ti, a las doce de la noche  ha empezado el día de la madre. Quiero celebrarlo llevándote a un lugar muy especial-.
Duna quedó maravillada por la belleza de la Luna.

-¿A dónde vamos mamá?-.

Su madre la llevó volando a un rincón del cielo, donde se celebraba una fiesta para Duna y ella. La niña sacó de un bolsillo su regalo y dijo:

-Toma, este es tu regalo, el de verdad está pegado en el espejo de mi habitación-.
Se lo entregó dándole un beso en la mejilla. La Luna acarició su cara con un dedo y le sonrió.

-Duna, hoy es el día de la madre y estamos juntas, aunque sea en sueños, ¿No estás contenta?-

Lo pasó muy bien jugando con las estrellas.
Ese amanecer volvió a ver al Sol por tercera vez y le miró dolida por no poder tener a su madre como cualquier otra niña. Esta vez el Sol se acercó a ella y besándole la mejilla dijo:

-Pequeña Duna hoy te voy a demostrar que soy bueno- y guiñándole un ojo sonrió.

Duna despertó y el Sol lucía espléndido.
Se levantó contenta a pesar de que no tendría a su madre durante el día; cuando entró en la cocina casi se muere del susto. En la mesa estaba el desayuno y su padre estaba sentado junto a su madre. ¡La Luna en la cocina!

-¿Estoy soñando aún? –preguntó Duna bastante confusa.

-No cariño –dijo su padre- estás despierta, Luna cuéntaselo tú –dijo su padre radiante de felicidad.

La Luna le contó que el Sol sintió mucha vergüenza al verla tan triste y decidió perdonar a la Luna, buscando solución que fuera satisfactoria para todos. Durante la noche la Luna estaría en el cielo; pero en cuanto el Sol iluminara la tierra con sus rayos Luna podría ser humana hasta el anochecer…

-El Sol no ha podido soportar que una niña piense que es malo jajaja- rió Luna abrazando a su hija.

-Felicidades mamá, estás aquí conmigo en el día de la madre – gritó Duna abrazándose a su madre y a su padre al mismo tiempo-¡Mamá! Eres real… no estoy soñando.- Exclamó incrédula.

-¡Cariño!, a partir de ahora podré llevarte al colegio cada mañana. Ahora estaré contigo siempre-.
La niña se fue a buscar a sus amigas para invitarlas a una fiesta de pijamas esa misma noche, su padre la acompañaba, y convenció a la mamá de Berta y Noelia para que les diera permiso. Duna quería que conocieran a su madre.

En cuanto sus amigas llegaron a casa a dormir, Duna les contó que esa misma noche conocerían a la Luna en sus sueños, sus amigas no quisieron discutir otra vez y callaron.
Su padre preparó una cama en el suelo para todas.
Cuando todas dormían, soñaron que estaban las tres en un campo de amapolas blancas… del cielo bajó la Luna y se transformó en mujer. Berta y Noelia comprendieron entonces que Duna decía la verdad… Estaban maravilladas “¡Qué suerte tienes Duna!” dijeron sus amigas” Cuánto sentimos no haberte creído”. La Luna las llevó a un motón de sitios, les presentó a varios luceros, estrellas y hasta se subieron en un cometa… Aquella noche tuvieron el sueño más bonito de toda su vida.
Lo mejor llegó cuando amaneció el día, porque cuando las niñas fueron a desayunar, se encontraron en la cocina a la hermosa mujer del sueño...

-¡Eres real... eres la Luna!- dijo Berta con cara de alegría.

-¡Eres la mamá de Duna!, la Luna es la madre de mi amiga. ¡Cuando lo cuente por ahí nadie me creerá!-. dijo Nelia sin dejar de mirar a la Luna.

A partir de ese día sus amigas no volvieron a pensar que Duna era una mentirosa y se sintieron muy orgullosas de ser sus amigas.

Os podéis imaginar lo feliz que fue Duna desde aquél día…
Duna lloró de alegría, su padre lloró de alegría, la Luna lloró de alegría… hasta yo que escribí este cuento estoy llorando de alegría, y tú ¿también lloras de alegría?

…Y naranja anaranjado, este cuento ha terminado. ¿Os ha gustado?

(autor: María Jesús Blanco)
Derechos reservados en Safe Creative #10110087533178#

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domingo, 12 de septiembre de 2010

La Biblioteca Mágica


Se acabaron las vacaciones para Irene. A ella le gusta mucho su cole porque allí están sus amigos, y podrá verlos todos los días, y la Elvira, su señorita que la adoraba... ¡Era tan guapa!, ¡ tan buena!, ¡y tan cariñosa!

¡Cuánto los había echado de menos! Tenía muchas cosas que contar sobre el verano… tantas que seguro se le olvidaba algo.

Irene muy ilusionada preparó la cartera con su madre, y metió una tarjetita que hizo con mucho cariño para regalar a la señorita Elvira el primer día de cole. ¡Qué ganas tenía de darle un abrazo!

-¿Estás muy contenta de ver a tus amigos nuevamente? –preguntó mamá sonriendo..

-Siiii, y a la señorita Elvira... porque este año estará ella ¿no? –contesta Irene con entusiasmo.

-Claro cielo, este año tienes la misma señorita… - dijo mamá.

¡¡y por fin amaneció el primer día de cole!!

Irene se levantó con más ganas que nunca, estaba muy nerviosa. En su cabeza se agolpaban las preguntas ¿Será difícil este curso? ¿Seré capaz de aprenderlo todo? ¿Estarán todos mis amigos? ¿Se darán cuenta de mi precioso corte de pelo?

Cuando en la puerta del cole vio a todas las mamás y a sus amigos, los nervios fueron aún mayores… Le dio un beso precipitado a su madre y entró corriendo a la fila.
Todos se besaron y empiezaron a contarse las aventuras del verano…

-¡He montado en avión! Las casas eran cada vez más pequeñas, hasta que ya no se veían….Y las nubes ¡una cosa increíble! ¡Quiero ser piloto de aviones! –contaba atropelladamente Sergio.

-Yo monté en barco… paraba en todas las ciudades que están en la playa ¡había gente rarísima en algunos sitios! ¡Y comían aaaggggg cosas asquerosas! –contó Malena

Irene se sentía muy feliz de estar otra vez con su mejor amiga Erika, que le contó que había estado en Asturias disfrutando mucho. Irene le dijo que ella fue a la playa dos veces, también a la montaña un fin de semana y a no sé cuántos sitios más…
Los niños y niñas hablaban y hablaban sin parar, todos querían contar sus cosas.

-Vamos a la clase charlatanes- dijo la señorita.

Irene se quedó extrañada ¡Esa señorita no es Elvira!
Una vez en clase, la señorita se presentó.

-Hola, me llamo Marga, seré vuestra profesora este año.

-Pero ¿por qué no viene Elvira? Mi madre me ha dicho que este año nos toca con ella.- preguntó Irene bastante desilusionada…

Esta profesora no le agradaba nada, tenía cara de bruja fea y su voz no le parecía tan agradable como la de su seño.

-La señorita Elvira ha tenido que trasladarse de colegio por cosas personales, sé que os hubiera gustado seguir con ella; pero a veces las cosas no son como nos gustaría. Espero hacerme muy amiga vuestra y que me queráis tanto como a Elvira-. Explicó la nueva profesora.

Pasaron el día de clase contando cada uno sus experiencias y esta vez de uno en uno. Cuando acabó la clase, Irene salió del colegio un poco seria, no se imaginaba todo el curso con esa nueva profesora ¡qué desagradable!

Su madre la esperaba en la puerta impaciente por saber cómo habría sido el primer día de su niña. Irene la besó con una carita tristona.

-¿Se puede saber qué te pasa? No has soltado una sola palabra desde que has salido del colegio, con lo contenta que estabas, algo ha tenido que pasar- preguntó su madre intrigada.

-Ya no tengo a la señorita Elvira ¡Y no me gusta la nueva! Es fea y parece una bruja ¡No me gusta nada!- contestó la niña muy disgustada.

-No está nada bien decir eso, no la conoces ¿Cómo sabes que no te gusta? –le dijo su madre.

Al día siguiente Irene volvió al colegio con la esperanza de que Elvira hubiera vuelto. Cuando llegó a la fila, se topó con la realidad... Marga estaba allí otra vez, y por lo que hablaron en la fila, parecía que a sus compañeros tampoco les gustaba la nueva seño.


-Vaya, vaya… veo que no os gusto nada ¿puedo saber por qué? Ni siquiera sabéis como soy. Por vuestras caras adivino que os parezco seria, aburrida, fea, vieja y no sé cuántas cosas más… en pocas palabras ¡no os gusto nada!- dijo Marga a los niños divertida con la situación.

Todos se sintieron muy avergonzados con las palabras de la seño. Irene se puso colorada y fijó su mirada en el suelo.

-Hoy tenemos una excursión muy especial, levantaros de vuestros taburetes y poneros en fila agarrados de la mano- dijo la seño.

Sacó de su bolso un trozo de tela que clavó con chinchetas en la pared, era el dibujo de una puerta . Cogió la mano de Irene, que era la primera de la fila, abrió la puerta de la tela y la cruzaron.

¿Qué había pasado? Al otro lado de la puerta se encontraron en medio de una gran biblioteca, con pasillos interminables llenos de libros.

-Estáis en mi biblioteca mágica. Cada libro contiene un mundo de aventuras, que se hará realidad con sólo abrirlo- explicó Marga.

-¿En serio?- preguntó Sergio sin creer lo que estaba pasando.

Marga les acercó un libro que trataba sobre la matemáticas, lo abrió y todos los números salieron volando…

Irene miró a su alrededor  con la boca abierta por la sorpresa. Ahora se encontraban en un lugar lleno de cuadrados, circulos, triángulos, etc.  y los números estaban jugando con los signos de sumar, restar y multiplicar. Todo era bastante divertido y muy mágico

-Estáis en el mundo de las matemáticas, y aprenderéis muchas cosas jugando con los números, ¿os parece divertido?- explicó la señorita.

-Hola, soy el signo de multiplicar… multiplico, multiplico, multiplico…- dijo la X un poco alocada.

-Yo soy el 2, si la X se pone a mi lado, me multiplica y crezco…. crezco… crezco jajajaja- dijo dando volteretas.

Los niños de la clase estaban impresionados, nunca habían vivido la magia de verdad. Marga cerró el libro y todos los números y signos desaparecieron, volviéndose a encontrar en la biblioteca de nuevo.

¡Parecía increíble! Estaban en un mundo mágico y era de verdad.

Irene vio un libro de naturaleza… Lo abrió y salieron volando cientos de mariposas, mariquitas, una nube lloviendo, flores y mil cosas más.

-Hola soy un copo de nieve ¿Te gusta mi forma?, parezco una estrella. Ningún copo de nieve es igual a otro ¿lo sabias? Todos tenemos una forma distinta y única…
- contó el copo de nieve muy orgulloso de su forma.
- ¿Sabías que en el agua comienza la vida? Por eso soy tan importante en la tierra- dijo una gota de agua.

Sergio cerró el libro, tenía mucha curiosidad por abrir uno de cuentos… lo abrió y ¡cientos de personajes de cuento salieron fuera!

-Tu eres el lobo de los tres cerditos… ¿Cómo eres tan tonto de soplar en una casa de ladrillos? ¿Acaso no sabes que son muy resistentes?- dijo Sergio entusiasmado. Jamás en su vida se había divertido tanto.

-¡Yo no tengo la culpa! Solo hago lo que el escritor quiere que haga, o nadie te ha dicho que yo no escribí el cuento?? - contesta el lobo con mal genio.

Irene y Erika jugaron con Caperucita roja a “tú la llevas”, Malena y Elías se metieron en la casa de los tres osos con “ricitos de oro” y probaron la sopa y se tumbaron en las camas... al final los osos se enfadaron y tuvieron que marcharse de allí.

-Vamos chiquillos, cerrar el libro que tenemos que regresar a la clase- les dijo la seño.

Todos protestaron, querían seguir abriendo libros y descubrir mundos nuevos. Aquello era lo más genial que les había pasado nunca.

-Os prometo que todos los lunes visitaremos la biblioteca mágica, aprenderéis mucho aquí, y os divertiréis mucho-. Dijo Marga muy contenta con sus nuevos alumnos.

Volvieron a la clase y la señorita Marga quitó la tela con la puerta dibujada, la guardó en su bolso y les preguntó de nuevo.

-Bueno decidme ¿os parece que vais a querer aprender conmigo o no?

-Perdóname señorita Marga… ahora que te miro bien, eres guapa, además no importa ser joven o vieja ¡eres una súper señorita! ¡He sido una tonta!- dijo Irene arrepentida.
Todos los niños de la clase pidieron perdón a Marga por haber sido tan poco generosos con ella. Ahora estaban encantados de que fuera su profesora.
Irene volvió a su casa, contando a su madre por el camino, todas las aventuras vividas en el colegio.

-Jajaja qué imaginación tienes ¡una biblioteca mágica! Jajaja. Me alegro mucho que al fin te agrade tu nueva profesora- contestó mamá riendo. Sin creer que fuera cierto lo que Irene le contaba.

A ella no le importó demasiado si le creían o no… Pero cada lunes vivía una maravillosa aventura en la biblioteca mágica. ¡Qué suerte tener a Marga como señorita!
Irene aprendió que los cambios se deben aceptar sin miedo; porque pueden traer sorpresas muy agradables. Y su seño Marga en realidad no era fea, ni vieja ni desagradable... ¡era estupenda!
Y leer se convirtió en una diversión para ella.

Y naranja anaranjado…este cuento ha terminado ¿Os ha gustado?

*Cuchu*

miércoles, 9 de junio de 2010

Ana tiene un caracol

Ilustración de Esteban Bayo

Ana tiene tres añitos, y es una niña preciosa, alegre y muy divertida.

Un domingo sus papás la dejaron en casa de sus abuelitos a pasar el día.

El verano estaba a punto de empezar, y el jardín se llenó de rosas blancas, rosas , rojas....

Los muros estaban verdes de hiedras y jazmines. Olía muy bien, y se estaba muy fresquito. Las mariposas venían a visitar a la pequeña Ana.... también las libélulas, mariquitas, salamandras y hasta grillos y saltamontes...

Su abuelo y ella siempre se entretenían en mirar a los pequeños insectos. En un rinconcito había un caracol grande.


-¡Abuelo mira....es un caracol, está muy solito!


El abuelo lo cogió y se quedó mirándolo....


-Parece que tiene el caparazón un poco roto-. Le dijo su abuelo


-Pobrecito!!! ¿Porqué no le ayudamos? Le preparamos una caja y cuidamos de su caparazón.... por favor abuelito.


-De acuerdo cuidaremos de....¿Como se llama tu nuevo amigo?


-"Caracolcito".- Concluyó Ana


La niña fue a contárselo todo a su abuela, que sacó enseguida un cajón grande de plástico transparente, con una tapa verde de rejilla, en la que había dos ventanitas transparentes que se abrían y cerraban.

Ana y su abuela salieron al jardín con el cajón y llenaron el fondo de éste con piedrecitas de varios tamaños. Después añadieron tierra, algunas raíces, hojas de hiedra, jazmín, etc.... Añadieron agua para que la nueva casa de "Caracolcito" estuviera completa.....ya se sabe que los caracoles necesitan mucha humedad.

Ana metió al caracol en el cajón y lo llevó a la salita, con la ayuda de su abuela. Se pasó la tarde mirando a su amiguito, que se movía de un lado a otro moviendo sus antenas....


-Abuela tiene una bolita en las antenas, y un puntito en la bolita.....


- Si cielo, son sus ojos


-Vaaaaaya. - Ana estaba encantada con Caracolcito


Cuando llegaron sus padres a buscarla, les enseñó el cajón, y les contó toda la aventura hasta conseguir la casa de Caracolcito. Antes de despedirse, le dijo a su abuela que cuidara de que no se saliera del cajón.


-Mañana vengo a verle abuelita. Cuida de el.


-Vale cariño..... yo me ocupo.


Ana no pudo ir a casa de los abuelos al día siguiente, pero el Martes su mamá la llevó nada más salir del cole a comer con ellos. Vivían muy cerca de su casa.

Fue derecha a buscar su caracol.

-Abuelita no está Caracolcito...no le veo por ninguna parte


-No puede ser....tiene el cajón cerrado


Entonces Ana levantó una hoja de hiedra y por debajo estaba pegado Caracolcito...Pero no se movía. Su abuela le cogió y estaba un poco seco....no salía de su caparazón. Miraron las hojas y no había comido de ninguna. Además el cajón estaba bastante seco....la tierra no tenía humedad.

La abuela de Ana se sintió muy disgustada....se le olvidó añadir un poquito de agua el día anterior.


-¡Ay cariño! pobrecito animal......Corre Ana trae agua.... Dijo la abuelita muy apenada por si se moría el caracol.


Ana echó un vaso de agua encima de Caracolcito..... en un par de minutos empezó a moverse y sacó el cuerpo y las antenas miraron a la pequeña guiñándole uno de sus ojos de bola.


Le pusieron lechuga fresca y empezó a comer y comer hasta que se quedó bien lleno...Ana que no paraba de mirarle, notó como sonreía.....


-Abuela me ha sonreído.


-Acabas de salvarle la vida!!! - Dijo la abuela muy contenta abrazando a su nieta.


-Si.....soy una super héroe ¿a que si?


-Ahora Caracolcito es feliz gracias a tus cuidados....Pero no olvides que cuando se le cure el caparazón, hay que soltarle de nuevo para que sea libre... ¿Vale cariño?


-Si abuelita...le soltaré para que sea muy feliz con una caracolcita. - Dijo Ana muy satisfecha por salvarle la vida a su amiguito.


Cuidó a su caracol una semana. Ya estaba curado. Ana cogió a Caracolcito con mucho cuidado y lo llevó al jardín...le dejó en el mismo lugar que estaba cuando le encontraron. La niña vio como se alejaba su amiguito sintiéndose muy feliz por haberle salvado..... Caracolcito paró un instante y volvió a sonreír.

Desde entonces Ana cuida de todos los animalitos, y cuando ve un caracol siempre recuerda a su amigo Caracolcito, que viene a visitarla de vez en cuando.......


......Y esta historia ha terminado


*Cuchu*

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jueves, 6 de mayo de 2010

La Estrella de Vito

Un gnomo se enamoró de una estrella, y cada noche le ofrecía un regalo esperando que se fijara en él. Se pasaba todo el día buscando algo bonito para ella. Cuando lo encontraba se subía a la montaña mas alta para entregar su regalo.
Se quedaba allí toda la noche hasta que se dormía y cada amanecer el regalo estaba donde lo dejó.... -No le ha gustado. Esta noche le subiré uno mejor. Es una Estrella, no se conformará con cualquier cosa. Y empezaba a buscar de nuevo. Vito -ese era su nombre- no se daba por vencido.
Le llevó flores, perlas, cristales en forma de lágrima, polvo de hada....y mil cosas mas.

Un día que llovía mucho Vito no pudo salir a buscar y para no aburrirse visitó a su amigo Kako. Siempre que se juntaban Vito aprendía cosas nuevas, su amigo era el mas viejo y sabio del Valle Verdeclaro.

-Cuenta como vas con tu estrella Vito ¿Has conseguido algo que le guste?

-Sigo buscando...no ha cogido ningún regalo-. Vito dijo esto un poco apesadumbrado.

-¿Porqué no te vas de viaje? Fuera de Verdeclaro hay lugares maravillosos. Tal vez no esté aquí lo que buscas....- Le aconsejó Kako a su buen amigo.

-¡Claro! Es el mejor de los consejos.... Recorreré los mundos, reinos y aldeas hasta encontrar algo que sea capaz de deslumbrar a mi Estrella.

Preparó un hatillo con sus cosas mas queridas. Una taza de hoja de palmera, un cinturón de raíces de Mimosa y una semilla que heredó de su abuelo y que era su amuleto protector. Al amanecer salió de su pequeña choza y empezó a caminar sin rumbo fijo.

Caminó hasta donde empieza el mar y se acercó al puerto. Vio un barco pesquero y se ofreció como cocinero a cambio de que le llevaran.
Entre los marineros había un joven muy larguirucho y tristón, al que todos llamaban Teo. Vito se acercó a preguntarle el motivo de su tristeza.

-Estoy enamorado de una joven, hija de un rico mercader. Es inalcanzable para un pobre pescador como yo...- Dijo el muchacho resignado al cocinero Vito.

El Gnomo sintió compasión del muchacho. Su historia era parecida a la de él.
A la hora de comer todos los pescadores se sentaron alrededor de la mesa. Vito sirvió los platos con un exquisito guiso, cuando llegó a Teo añadió su semilla al plato. Teo se la comió sin darse cuenta siquiera.
Esa misma noche Teo se levantó a las doce en punto y se tiró al mar.....
Cuando todos los pescadores empezaron a preparar sus tareas el joven salió del agua cargado con un saco de algas. Todos le miraban como si fuera un fantasma.... Teo abrió su saco y sacó un cofre lleno de joyas y perlas, un cofre lleno de monedas de oro y otro lleno de diamantes.... Se quedó mirando a todos y dijo:

-Anoche me levanté porque escuché una llamada. Bajé al fondo del mar y allí estaban tres preciosas sirenas con un cofre en la mano. Cada una me dio un beso y puso el cofre en el saco de algas. Me dijeron que soy muy afortunado porque un gnomo utilizó su magia para que las escuchara. El gnomo les contó mi historia de amor y ellas me entregaron todas estas riquezas. ¡Somos ricos muchachos! Compartiré con todos vosotros los tesoros y aún así tendré riqueza suficiente para casarme con mi amada.

Los marineros le dejaron en una gran isla. Era un lugar precioso lleno de palmeras. Había bosques de palmeras por todas partes. Y cosa curiosa para Vito eran esas piedras grandes en grandes grupos. Pasó muchos días sin encontrarse con nadie. Creía que estaba solo en la isla hasta que vio a un pequeño conejito mirándole como bebía en su taza de hoja de palmera.

-Hola. Pensaba que no vivía nadie mas que yo en esta isla-. Le dijo Vito al conejo.

-Antes estaba yo solo, hasta que has llegado tu. Llevo cien años en esta isla yo solo, desde entonces soy conejo.

-¿Estas hechizado?

- Si. Soy el Rey de esta isla.... El día de mi coronación el brujo me ofreció a su hija como esposa. Era una joven preciosa, pero yo ya estaba enamorado de Mireya, mi prometida. La hija del brujo hizo un juramento sagrado de no casarse hasta que yo la aceptara. Entonces su padre hizo un conjuro convirtiéndome en conejo.... Todos los habitantes de la isla fueron convertidos en palmeras, las casas en piedras y los animales en arbustos.

- Entonces serás conejo hasta que aceptes casarte con la hija del brujo???

- También puedo romper el hechizo comiendo una hoja de palmera. Si lo hago la palmera morirá, y lo peor de todo es que no se quien es Mireya-. El conejo contaba su historia con mucha tristeza.

-¡Vaya historia! No se como podría ayudarte......

-Si me como tu taza de hoja de palmera romperé el hechizo y no morirá nadie.

El gnomo le dio su taza y el conejo se convirtió en un gran rey. Las palmeras volvieron a ser personas y cada cosa volvió a ser lo que era.
En agradecimiento los habitantes de la isla construyeron un barco para Vito, y le entregaron un mapa que le llevaría al Submindo, un lugar insólito visto por muy pocos....

Vito se hizo a la mar y navegó...navegó...navegó hasta llegar a una montaña con una cueva gigante al nivel del mar. Entró en la cueva y fue absorbido a lo mas profundo de la tierra y los mares....
Había llegado al Submundo, ese lugar del que muy poco se sabe. Sus habitantes eran seres muy extraños. Caminaban sin rumbo y luego se daban la vuelta para seguir caminando. A veces alguno de ellos se quedaba parado y empezaba a llorar, luego seguía caminando como si nada. Nadie trabajaba en nada, llevaban una vida sin sentido.


A Vito se le ocurrió que necesitaban tener una ocupación.... ser útiles en algo. Se quitó su cinturón de raíz de mimosa y con su magia de gnomo hizo que la raíz creciera hacia el exterior, haciendo nacer una preciosa Mimosa llena de flores....

- ¡Habitantes del Submundo! Estas raíces necesitan alimentos para mantenerse vivas. Vosotros estais aquí para cuidarlas. Les daréis alimento para que sigan creciendo... cada vez habrá mas raíces que tendréis que alimentar. Si cumplís bien vuestro cometido estaréis embelleciendo el mundo exterior y enriqueciendo el Submundo. Vuestra existencia tendrá una utilidad y seréis necesarios en la naturaleza.....

Los extraños seres empezaron a cuidar las raíces y se sentían cada vez mas felices. Ya no caminaban sin rumbo, todos tenían algo útil que hacer... Su vida ya no era insulsa.
Vito echaba de menos Verdeclaro y un día cualquiera emprendió camino a casa. Pero esta vez llevaba las manos vacías, pues había entregado todas sus pertenencias para ayudar a otros....

Vio a su amigo Kako sentado en la montaña que él se subió tantas noches esperando a su estrella. Vito abrazó a su amigo un buen rato. Luego le contó todas las cosas que había visto.

-Se todo lo que has hecho en tus viajes Vito. Lo del muchacho del barco y las sirenas, lo del conejo que era un rey... y lo del Submundo.

- ¿Como puedes saberlo? Pensaba contártelo mas adelante... Me fui en busca de un tesoro para mi estrella y vuelvo con las manos vacías...

- Vuelves con el mejor de los regalos-. Dijo la Estrella desde lo alto del cielo.- Te he visto todo este tiempo, y se lo contaba a Kako. Eres muy generoso, y no esperas nada a cambio. Has hecho cosas muy valiosas por otros entregándoles tus posesiones sin importarte nada. Ese es el único regalo que una estrella no puede rechazar. Brillaré para ti cada noche durante el resto de tus días, que serán eternos y llenos de felicidad.... Iluminaré tus sueños mientras duermes y siempre te guiaré en tus viajes.

Vito se sintió el gnomo mas feliz del Universo.... Y vivió por siempre junto a su estrella.

*Cuchu* Safe Creative #1005066215817

viernes, 26 de marzo de 2010

El ladrón de lana


Algo muy raro estaba pasando en el pueblo de Paula. En la fábrica de lana había un contenedor donde tiraban las madejas de lana con nudos, o rotas; los habitantes del pueblo solían recogerlas para hacer alfombras o mantas, pero... un buen día se encontraron con el contenedor vacío. Los trabajadores de la fábrica corrieron la voz de que alguien las había robado. Había un ladrón suelto llevándose toda la lana que tiraban.

-¿Para qué querrá tanta lana ese ladrón?- decía la mamá de Paula

-¿Lo meterán en la cárcel mami? - preguntaba Paula muy interesada.

 -No pequeña, en realidad no roba nada. Esa lana no pertenece a nadie y lo mismo que la cogíamos nosotros, puede cogerla cualquiera- explicó su mamá.

 -¿Entonces por qué le llaman "el ladrón de lana" en el pueblo?- preguntó la niña.

-Puede ser porque quien se la lleva está siendo muy egoísta, no deja nada para que lo aprovechemos el resto- contestó mamá.

Una mañana corrió la noticia de que el ladrón ya no estaba en el pueblo. Hacía una semana que no desaparecía lana. Nunca más se supo de aquél curioso ladrón.
Un domingo por la mañana Paula encontró unos regalos en la puerta de su casa, envueltos en papel blanco con lunares de colores. Había uno para ella, uno para papá y otro para mamá. Los abrieron intrigados, no era el cumpleaños de ninguno, ¿quién se los habría enviado?

-¡Mami mira qué bufanda tan bonita, lleva mis colores preferidos!- dijo Paula entusiasmada.

-Vaya! a mí también me han regalado una bufanda preciosa y a papá- contestó mamá mirando las bufandas muy contenta.

En el pueblo todo el mundo había recibido una bufanda envuelta en papel de regalo... ¡Qué misterio!
Paula se puso la bufanda nueva para ir a clase y se sentía muy feliz. Todos en el pueblo se dieron cuenta que al ponerse la bufanda, les invadía un sentimiento de alegría y bienestar. Las bufandas tenían magia...

Llegó la Navidad, y como todos los años, los niños llevaban los juguetes que no usaban a La Cueva del Sol; los mayores dejaban las cosas que no utilizaban... ropas de invierno, zapatos, mantas, alimentos; era una costumbre que tenían desde el principio de los tiempos, sabían que todas esas cosas irían a parar a personas que las necesitaban.

El día de Navidad, todos se reunían en la plaza del pueblo por la tarde, para cantar villancicos. A Paula le encantaba ir, además pasaban parte del año ensayando las canciones en clase de música, y ese día se lucían delante de los padres. Cuando terminaban de cantar los villancicos, empezaba el rito de los agradecimientos; las personas que tenían algo que agradecer, se subían al escenario y daban las gracias públicamente, era una costumbre muy bonita que les hacía sentir bien. Subió al escenario una señora muy guapa, a la que nadie conocía... todos quedaron en silencio.

-Hola a todos... no soy del pueblo, pero os debo mucho y quería daros las gracias por todas las cosas que vais dejando en La Cueva del Sol. Esas bufandas que lleváis, las han tejido personas a las que habéis ayudado con vuestra generosidad, yo les llevé la lana y espero que os hagan muy felices- dijo la señora sonriendo.

Cuando bajó del escenario, todo el mundo se acercó a ella y como por arte de magia desapareció entre la gente. Paula no la olvidó jamás, y cuidó su bufanda toda la vida.

En el pueblo de Paula eran muy generosos y recibieron su recompensa... algún día tú recibirás la tuya.

Y naranja anaranjado, este cuento ha terminado... ¿Os ha gustado?

*Cuchu*

Safe Creative #1004065914417

lunes, 21 de diciembre de 2009

Navidad Para Todos




En Diciembre la nieve caía  y todo se teñía de color blanco; los niños y niñas preparaban los adornos navideños con su familia mientras cantaban villancicos.
La Navidad es una fiesta en la que todos nos reunimos con la familia y amigos... todos menos un pequeño gatito que no tenía a nadie con quién pasarla.

El pobre no sabía adónde ir, se había perdido unos días atrás y no tenía dueños ni familia. Andando por la calle se fijó en un cubo de basura que estaba abierto y se acercó a mirar; empezó a buscar comida y algo se movió... ¡qué susto!, un ratón salió corriendo entre las patas del gato.

-Espera-. Dijo el gatito.

-¿Quieres que me quede aquí a ver cómo me comes? A lo mejor te crees que soy tonto- dijo el ratón un poco chulito.

-No voy a comerte, sólo quiero hablar contigo un ratito. Nunca he comido ratones- dijo el gatito con pena.

-O sea que eres tonto. ¿Nadie te ha dicho que los gatos comen ratones?, ¡y yo no pienso ser tu cena! Adiós atontao- el ratón se dio media vuelta y moviendo el rabo con mucha chulería empezó a correr.

El gatito se quedó un poco triste... Siguió su camino entre las calles y oyó ladrar a un perro. Pensó en acercarse a charlar un rato.

-Hola ¿qué estás haciendo?- preguntó el gatito un poco temeroso.

-Estoy ladrando.

-¿Y por qué ladras?

-¡Porque he visto un gato!- contestó el perro cada vez más enfadado.

-Te has debido de confundir, yo no he visto ningún gato por aquí- contestó el gatito.

-¿No? Pues yo te miro a ti y veo uno. ¿Nadie te ha dicho que los perros persiguen a los gatos?-.

En eso pasó por allí el ratón de la basura y se acercó a ellos para cotillear un poco. El gatito miró al perro, y luego al ratón y les propuso que pasaran la noche los tres juntos, así no estarían solos. Tardó un rato en convencerlos, pero al final se quedaron con él.
 
Como hacía mucho frío y el suelo estaba lleno de nieve, se metieron los tres debajo de un carro de madera y se arrimaron mucho para darse calor. Esa noche se contaron muchas cosas.

El gatito les contó que se había perdido de la camada de su mamá, y que buscaba un dueño que le quisiera y le mimara.

El perro no quería tener dueño porque el que tenía le abandonó.

El ratón nació en una alcantarilla y un día que salió a explorar la ciudad, no volvió a encontrar su casa.
Se hicieron muy buenos amigos y decidieron no separarse nunca.
 
Por la mañana emprendieron el camino a ninguna parte. Las calles estaban llenas de adornos brillantes, y los niños y niñas cantaban villancicos mientras tocaban la pandereta, otros se entretenían en hacer un muñeco de nieve.

-¡Ay! Como me gustaría que uno de esos niños me cogiera y se quedara conmigo- dijo el gatito un poco melancólico.

-¿Para que luego te abandonen como hicieron conmigo?- contestó el perro a su nuevo amigo.

-O a lo mejor te pegan un escobazo, ¿por qué las mujeres tendrán esa manía de liarse a escobazos conmigo?, los ratones no nos comemos a nadie, y menos a una señora.

Pensaron que lo mejor sería salir de la ciudad para protegerse de los humanos, que se ponen muy pesados en la Navidad con tanta pandereta y tanto cantar.

En su viaje a ninguna parte vieron una casa muy grande, en medio del campo, y se dirigieron a ella con la esperanza de calentarse. Era una granja llena de animales de muchas clases. Un niño se les acercó por detrás con un plato de comida para cada uno.

-¡Vamos! No tengáis miedo, seguro que tenéis frío y hambre. Comed todo lo que os apetezca, y luego podéis dormir en el granero.

El perro, el gato y el ratón se acercaron a la comida muy despacio, no se fiaban demasiado, pero tenían hambre...

El niño se sentó cerca de ellos mientras comían y dijo: 

-Me llamo Ismael, y tengo una hermanita que se llama Daniela. Nos encanta cuidar de los animales, ¿queréis quedaros aquí a vivir?-.

Les puso un nombre a cada uno, al perro le llamó Tierra, por su color, al gato Nieve, porque era todo blanco, y al ratón le llamó Peque, por ser tan pequeñito. 
A Tierra, Nieve y Peque les gustó mucho su nombre, y los tres se le acercaron sin miedo. 
Peque correteaba entre las manos de Ismael, Nieve le lamía los pies y Tierra le acercaba el hocico mientras movía el rabo. Se sintieron tan bien que se quedaron a vivir en la granja.

En Nochebuena la familia de Ismael se reunió para cenar, Tierra, Nieve y Peque cenaron con ellos y luego jugaron con los niños, ¡cuánto cariño recibieron!

Estaban muy felices en su nueva casa, y como tres buenos amigos, durmieron juntos cerca de la chimenea, esperando a Papá Noel para darle las gracias por su nuevo hogar.

… Y naranja, anaranjado, este cuento ha terminado… ¿Os ha gustado?

*Cuchu*

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