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viernes, 8 de octubre de 2010

Duna y La Luna


En el patio de su nuevo colegio Duna se acercó a sus compañeras de clase; estaban hablando de sus mamás… ella no había comentado nada sobre la suya porque nunca había estado con ella. Por ese motivo era una niña reservada, que no solía hablar de sus cosas.

-Mi madre hace una tarta de ciruelas ¡de relamerse hasta los dedos!, mañana me voy a traer una para invitaros porque es mi cumple. ¡Os va a encantar! –contaba Berta relamiéndose.

-Qué suerte tienes; la mía es un desastre en la cocina jaja; pero me encanta ir con ella de compras ¡parecemos amiguitas! –dijo Noelia con cara de oso amoroso.

Duna no pudo evitar sentir envidia, sin embargo decidió hablar sobre su madre. Le apetecía que supieran lo especial que era… llevaba toda su vida escondiendo la verdad.

-Yo no puedo estar con mi madre, pero es la más hermosa de todas las madres – contesta Duna a sus amigas con orgullo y cierta melancolía.
S
us compañeras de clase se quedaron mirándola sin entender qué quería decir Duna. Le preguntaron por qué no podía estar con su madre.

-Mi madre es la Luna, por eso no puedo estar con ella. Tiene que estar en el cielo cuidando a las estrellas.

¡Jajajajjaa! Las niñas rieron pensando que Duna les estaba tomando el pelo.

-¿Qué es tan gracioso? –preguntó Duna enfadada por las risas de Berta y Noelia.

-La Luna es un satélite que da vueltas alrededor de la Tierra. No es una persona ¿acaso piensas que soy tonta? – respondió Berta con aires de sabionda.

-Es verdad lo que dice Berta. No está bien burlarse de las amigas Duna, si no quieres contar nada de tu madre no lo hagas; pero no esperes que nos dejemos engañar.- Dijo Noelia un poco molesta. No le gustaba que la tomaran por tonta.

-¡No estoy mintiendo! Si fuerais verdaderas amigas no dudaríais de mi palabra. Algún día os demostraré que digo la verdad. ¿No veis que mi pelo es casi plateado? ¿Por qué creéis que mis ojos son color azul noche y mi piel tan blanca? – Contestó Duna a punto de llorar.
Se sintió tan mal, que se fue a un rincón del patio, para no tener que hablar con nadie el resto del recreo. Empezó a pensar si no la estaría engañando su padre.

****
El dormitorio de Duna estaba decorado de forma muy sencilla. Una cama, una mesita de noche, un gran arcón lleno de juguetes, algunos estantes llenos de muñecas y en la pared que está frente a la ventana había un espejo, en el que se reflejaba la Luna por las noches. Justo al lado del espejo, había una mecedora, en la que estaba sentado su padre, como cada noche, a punto de leerle un cuento. Antes de que empezara a leer Duna le contó lo del colegio.

-Hoy mis compañeras de clase se han reído de mí por decirles quién es mi madre. Después, en clase se lo han contado a la señorita. ¿Sabes que ha pasado? Me ha dicho que tengo demasiada imaginación, y que sería mejor que fueras a hablar con el psicólogo del colegio. Papá me siento una tonta... La Luna es un satélite de la tierra; ¿cómo puede ser mi madre?, por qué me cuentas esa mentira. Prefiero que me digas la verdad aunque sea algo malo. Hoy se me ha pasado por la cabeza que mi madre me abandonó, y que te has inventado esa historia de la Luna para que no sufra. ¿Por qué no me dices la verdad? – Duna lloraba desconsoladamente mientras hablaba.

Su padre pensó que ya era hora de contarle toda la historia…

-Cariño no te cuento mentiras. La Luna es tu madre. Siempre ha estado enamorada de la Tierra. Soñaba con ser humana y cumplir su mayor deseo, ser madre; pero el Sol se puso celoso y siempre le decía que esperase un poco más. Harta de esperar a que el Sol le diera permiso, decidió convertirse en humana en cuanto fue Luna llena, requisito imprescindible para poder usar sus poderes. Aunque le estaba prohibido, ella desobedeció transformándose en una bellísima joven. Yo la encontré un poco desorientada a las afueras del pueblo y me enamoré de ella nada más verla. No sabía que era la Luna y ella tampoco me lo dijo. Viajamos juntos a lugares recónditos, visitamos China, Rusia, grandes lagos y mares; vivimos muchas aventuras por toda la Tierra; ella estaba deseosa de conocer nuestro planeta. Con el tiempo se enamoró de mí y nos casamos. Al año de nuestra boda naciste tú, preciosa Duna. Éramos los seres más felices del Universo.- Su padre sonreía, recordando cada momento, mientras iba contando a su hija toda la historia.

-Y mientras ella estaba aquí abajo, ¿cómo es que el Sol no se dio cuenta que no había Luna? – preguntó la niña cada vez más curiosa. Estaba fascinada con la narración de su padre.

-No se dio cuenta porque una pequeña estrella, a la que la Luna hizo un favor tiempo atrás, se ofreció para ayudarla... se transformó en una luna para ocupar el lugar de tu madre; pero eso no duró siempre, el día de tu primer cumpleaños, el Sol descubrió el engaño. Le ordenó que volviera a ocupar su lugar esa misma noche. En ese momento, tú madre me contó quien era en realidad. Suplicó que la dejaran aquí contigo; pero el Sol no le perdonaba el engaño, y como castigo le quitaron el poder de transformarse en humana. - El padre de Duna no pudo evitar las lágrimas al relatar la historia.

-Papi… ¿por qué no le hiciste una foto?, al menos podría verla como era.- Duna sentía tanta necesidad de conocerla…

-Cariño se las hice más de una vez; pero al ver las fotos todas estaban en blanco- el padre de Duna se limpió una lágrima que resbalaba por su mejilla. Besó a su hija y lanzó un beso a la Luna antes de salir de la habitación.

****
La pequeña Duna, como cada noche, miraba el reflejo de la luna en el espejo, su padre lo puso ahí para que su madre pudiera verla dormir. Se dormía soñando que algún día vendría a buscarla…
Esa misma noche ocurrió que la pequeña tuvo un sueño muy especial. Soñaba que se encontraba en un gran campo de amapolas blancas, miró al cielo y vio descender hacia ella a la mujer más bella de todas. Su pelo era de plata, su vestido blanco y vaporoso, “estoy soñando y nada de esto es real” pensada la pequeña en su sueño. La mujer le dio un beso en la mejilla y con una voz angelical le dijo:

-Sí, estás soñando, pero yo soy real, soy tu madre. Sólo puedo ser humana en tus sueños-.
La niña se abrazó con fuerza a su madre. Se sentó con ella entre las flores.

-Cariño tu padre me sueña cada noche, y me ha contado lo que pasó en el colegio. Ya tienes edad suficiente para que puedas verme cada noche, estaremos juntas y nos contaremos cosas. Seré tu madre en tus sueños. No sufras si se ríen, eres muy especial y no pueden comprenderlo, ¡cuánto daría por poder estar contigo durante el día!-.

La Luna abrazaba a su hija y le cantaba canciones de estrellas y soles. Duna se sintió feliz, la más feliz de las niñas. Por fin había conocido a su madre y se habían abrazado, y aunque fuera en sueños ella lo sintió como si fuera real.

A la mañana siguiente le contó a su padre el sueño…

-Mi niña cuánto me alegro, anoche en mi sueño hablamos sobre ti. Ahora podrás verla siempre que quieras mientras duermes.- Contestó su padre emocionado y contento.

La niña peinó su plateada melena que le recordaba a la de su madre. Esa mañana fue al colegio sonriendo, se sentía muy feliz y estaba emocionada.
Se puso en la fila sintiéndose orgullosa de ser quien era.

-Hola Lunita- saludó Fidel que estaba detrás de ella en la fila.
Duna no hizo caso al comentario del niño.
Berta y Noelia se le acercaron y le pidieron perdón por reírse de ella. Lo cierto es que sus amigas pensaban que Duna era un poco fantasiosa y mentirosilla; pero era una buena amiga y no querían que estuviera enfadada con ellas.
A Duna no le importaba lo que pensaran los demás, sabía que era una niña especial. Se sentía muy afortunada por ser hija de la Luna.
Hizo las paces con sus amigas y a Fidel le contestó:

-Me llamo Duna; pero si quieres llamarme Lunita puedes hacerlo, es un nombre que me encanta – y le sonrió con la mejor de sus sonrisas.

Fidel se sintió tonto y dejó de meterse con ella.
Ahora Duna se veía en sueños cada noche con su madre. Cada vez que se encontraba con ella le contaba las cosas que hacía durante el día. La Luna le contaba preciosas historias del cielo, le hablaba de planetas donde todo cambiaba de color constantemente. En uno de sus sueños la llevó al planeta de las mariposas, era majestuoso verlas revoloteando y formando bellísimas imágenes de colores. Cuando Duna tenía alguna duda, su madre le ayudaba, incluso con los deberes. Una vez su madre le presentó al Sol porque salió antes de que ella se retirase, en algunas ocasiones ocurre que se juntan el Sol y la Luna de madrugada. Cuando el Sol vio a la pequeña, le dio un beso en la mejilla. Duna le miró con enfado y preguntó:

-¿Por qué no dejas que mi madre esté conmigo?, todas las niñas necesitan estar con su madre. Yo siempre he pensado que eres bueno-.

-Soy bueno ¿acaso no lo crees así?-

-Ya no estoy segura, alguien que es bueno no prohíbe a una madre cuidar de su hija-.
El Sol se sintió tan mal, que aquél día amaneció muy nublado. Se sentía avergonzado con Duna...
****
Una mañana, la señorita dijo que debían llevar arcilla a clase, iban a preparar un regalo para el día de la madre. En el recreo Noelia le preguntó a Duna si pensaba hacer algo, ya que ella no tenía madre.

-¡Claro que tengo madre Noelia! Ya conté una vez que es la Luna –contestó Duna con firmeza.

-Si empiezas otra vez con tus mentiras me voy a enfadar contigo –dijo Noelia un poco cansada de las fantasías de su amiga.

-Está bien, vamos a dejar el tema.- Concluyó Duna haciendo caso de los consejos que le daba su madre.

Lo cierto es que Duna se sintió feliz de hacer un regalo para su madre. La semana se le pasó volando; no le contó nada a su padre, quería mantener el secreto. Hizo una luna preciosa, pintada con purpurina plateada; estaba segura que el regalo iba a sorprender a su mami querida.
El viernes les dieron el regalo para que lo guardaran en casa hasta el domingo.
Por la tarde Duna ya no pudo aguantar más y le contó a su padre el secreto. Sacó la luna de arcilla y se la enseñó.

-Cariño ¿cómo vas a entregársela?, no puedes meter el regalo en tus sueños- explicó su padre queriendo impedir que la niña se decepcionara al intentar llevar el regalo a sus sueños.

- Está bien, lo pondré pegado en el espejo, para que pueda verlo desde el cielo. Además soñaré que se lo entrego, así será como si lo diera el de verdad.- Al terminar de decir esto Duna lloró, porque se sintió decepcionada, a pesar de que su padre quiso evitarlo.
En ese momento entendió que nunca podría darle un regalo real a su madre… era un sueño, sólo un sueño cada noche. ¡Nunca podría abrazarla de verdad!

-Duna hija ¿por qué lloras?- preguntó su padre emocionado al ver las lágrimas de la niña.

-Es precioso soñarla cada noche papá… ¡Pero la necesito tanto! ¡Necesito que sea real! Quiero demostrar a mis amigas que no soy una mentirosa. Necesito a mi madre aquí con nosotros, verla de día, que me lleve al colegio, que me regañe; pero que sea cuando estoy despierta, que sea real…- y siguió llorando mucho rato.

Esa noche Duna se asomó a la ventana con su regalo en la mano… miraba a su madre, ¡tan hermosa!, ¡tan inalcanzable! Resbaló una lágrima de sus ojos, yendo a caer encima de la figurita de purpurina, la lunita de arcilla para su madre…
La Luna brilló más que nunca, como queriendo animarla.
En el sueño de esa noche su madre le preguntó:

-Mi vida ¿por qué llorabas en la ventana?-.
Duna le dijo que la necesitaba mucho durante el día…

-No eres real mamá, eres un sueño, ¡te necesito tanto!, quiero verte de día, como a cualquier otra mamá-.

La Luna sintió mucha tristeza por su hija. No sabía cómo consolarla. Pasó toda la noche abrazada a ella, cantándole hasta el amanecer.
Volvieron a encontrarse con el Sol y Duna le dijo con rabia:

-Eres cruel, todos los cuentos te ponen como bueno; pero no lo eres, ¡eres malo! ¡Me has quitado a mi madre!-.

La Luna le pidió disculpas y regañó a su hija por ser tan imprudente:

–El Sol siempre es generoso y bueno cariño; la culpa es mía por haber desobedecido, fui caprichosa y tú estás pagando las consecuencias-.

La niña pidió perdón al Sol y se abrazó a su madre un instante antes de despertar. El Sol volvió a esconderse entre las nubes, ¡se sentía tan culpable por el llanto de Duna!
****
El sábado su padre la llevó al parque de atracciones para animarla; su amiga Noelia la acompañaba. Prometieron no enfadarse más, Duna decidió no hablar de su madre y Noelia prometió no preguntarle más. Se lo pasó muy bien, montaron en todo varias veces, comió algodón de azúcar y muchas chuches más.
Estaba deseando que llegara la hora de dormir, para contarle todo a su madre en sueños.
Volvió a casa cansadísima y cargada de recuerdos de ese día. Después de cenar, pegó la lunita de arcilla en el espejo, así su madre siempre podría verlo, besó a la Luna que se reflejaba en él. Cuando por fin llegó la hora de acostarse, su padre le contó un cuento y se quedó dormida enseguida.
Esa noche empezó su sueño en una pradera junto a un lago. Se sentó a esperar a su madre, que tardó un buen rato en aparecer.

-¿Por qué has tardado tanto? Te echo de menos-.

La Luna estaba vestida con un traje de color plata y se había peinado con el pelo lleno de trenzas.

-Quería estar muy guapa para ti, a las doce de la noche  ha empezado el día de la madre. Quiero celebrarlo llevándote a un lugar muy especial-.
Duna quedó maravillada por la belleza de la Luna.

-¿A dónde vamos mamá?-.

Su madre la llevó volando a un rincón del cielo, donde se celebraba una fiesta para Duna y ella. La niña sacó de un bolsillo su regalo y dijo:

-Toma, este es tu regalo, el de verdad está pegado en el espejo de mi habitación-.
Se lo entregó dándole un beso en la mejilla. La Luna acarició su cara con un dedo y le sonrió.

-Duna, hoy es el día de la madre y estamos juntas, aunque sea en sueños, ¿No estás contenta?-

Lo pasó muy bien jugando con las estrellas.
Ese amanecer volvió a ver al Sol por tercera vez y le miró dolida por no poder tener a su madre como cualquier otra niña. Esta vez el Sol se acercó a ella y besándole la mejilla dijo:

-Pequeña Duna hoy te voy a demostrar que soy bueno- y guiñándole un ojo sonrió.

Duna despertó y el Sol lucía espléndido.
Se levantó contenta a pesar de que no tendría a su madre durante el día; cuando entró en la cocina casi se muere del susto. En la mesa estaba el desayuno y su padre estaba sentado junto a su madre. ¡La Luna en la cocina!

-¿Estoy soñando aún? –preguntó Duna bastante confusa.

-No cariño –dijo su padre- estás despierta, Luna cuéntaselo tú –dijo su padre radiante de felicidad.

La Luna le contó que el Sol sintió mucha vergüenza al verla tan triste y decidió perdonar a la Luna, buscando solución que fuera satisfactoria para todos. Durante la noche la Luna estaría en el cielo; pero en cuanto el Sol iluminara la tierra con sus rayos Luna podría ser humana hasta el anochecer…

-El Sol no ha podido soportar que una niña piense que es malo jajaja- rió Luna abrazando a su hija.

-Felicidades mamá, estás aquí conmigo en el día de la madre – gritó Duna abrazándose a su madre y a su padre al mismo tiempo-¡Mamá! Eres real… no estoy soñando.- Exclamó incrédula.

-¡Cariño!, a partir de ahora podré llevarte al colegio cada mañana. Ahora estaré contigo siempre-.
La niña se fue a buscar a sus amigas para invitarlas a una fiesta de pijamas esa misma noche, su padre la acompañaba, y convenció a la mamá de Berta y Noelia para que les diera permiso. Duna quería que conocieran a su madre.

En cuanto sus amigas llegaron a casa a dormir, Duna les contó que esa misma noche conocerían a la Luna en sus sueños, sus amigas no quisieron discutir otra vez y callaron.
Su padre preparó una cama en el suelo para todas.
Cuando todas dormían, soñaron que estaban las tres en un campo de amapolas blancas… del cielo bajó la Luna y se transformó en mujer. Berta y Noelia comprendieron entonces que Duna decía la verdad… Estaban maravilladas “¡Qué suerte tienes Duna!” dijeron sus amigas” Cuánto sentimos no haberte creído”. La Luna las llevó a un motón de sitios, les presentó a varios luceros, estrellas y hasta se subieron en un cometa… Aquella noche tuvieron el sueño más bonito de toda su vida.
Lo mejor llegó cuando amaneció el día, porque cuando las niñas fueron a desayunar, se encontraron en la cocina a la hermosa mujer del sueño...

-¡Eres real... eres la Luna!- dijo Berta con cara de alegría.

-¡Eres la mamá de Duna!, la Luna es la madre de mi amiga. ¡Cuando lo cuente por ahí nadie me creerá!-. dijo Nelia sin dejar de mirar a la Luna.

A partir de ese día sus amigas no volvieron a pensar que Duna era una mentirosa y se sintieron muy orgullosas de ser sus amigas.

Os podéis imaginar lo feliz que fue Duna desde aquél día…
Duna lloró de alegría, su padre lloró de alegría, la Luna lloró de alegría… hasta yo que escribí este cuento estoy llorando de alegría, y tú ¿también lloras de alegría?

…Y naranja anaranjado, este cuento ha terminado. ¿Os ha gustado?

(autor: María Jesús Blanco)
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jueves, 6 de mayo de 2010

La Estrella de Vito

Un gnomo se enamoró de una estrella, y cada noche le ofrecía un regalo esperando que se fijara en él. Se pasaba todo el día buscando algo bonito para ella. Cuando lo encontraba se subía a la montaña mas alta para entregar su regalo.
Se quedaba allí toda la noche hasta que se dormía y cada amanecer el regalo estaba donde lo dejó.... -No le ha gustado. Esta noche le subiré uno mejor. Es una Estrella, no se conformará con cualquier cosa. Y empezaba a buscar de nuevo. Vito -ese era su nombre- no se daba por vencido.
Le llevó flores, perlas, cristales en forma de lágrima, polvo de hada....y mil cosas mas.

Un día que llovía mucho Vito no pudo salir a buscar y para no aburrirse visitó a su amigo Kako. Siempre que se juntaban Vito aprendía cosas nuevas, su amigo era el mas viejo y sabio del Valle Verdeclaro.

-Cuenta como vas con tu estrella Vito ¿Has conseguido algo que le guste?

-Sigo buscando...no ha cogido ningún regalo-. Vito dijo esto un poco apesadumbrado.

-¿Porqué no te vas de viaje? Fuera de Verdeclaro hay lugares maravillosos. Tal vez no esté aquí lo que buscas....- Le aconsejó Kako a su buen amigo.

-¡Claro! Es el mejor de los consejos.... Recorreré los mundos, reinos y aldeas hasta encontrar algo que sea capaz de deslumbrar a mi Estrella.

Preparó un hatillo con sus cosas mas queridas. Una taza de hoja de palmera, un cinturón de raíces de Mimosa y una semilla que heredó de su abuelo y que era su amuleto protector. Al amanecer salió de su pequeña choza y empezó a caminar sin rumbo fijo.

Caminó hasta donde empieza el mar y se acercó al puerto. Vio un barco pesquero y se ofreció como cocinero a cambio de que le llevaran.
Entre los marineros había un joven muy larguirucho y tristón, al que todos llamaban Teo. Vito se acercó a preguntarle el motivo de su tristeza.

-Estoy enamorado de una joven, hija de un rico mercader. Es inalcanzable para un pobre pescador como yo...- Dijo el muchacho resignado al cocinero Vito.

El Gnomo sintió compasión del muchacho. Su historia era parecida a la de él.
A la hora de comer todos los pescadores se sentaron alrededor de la mesa. Vito sirvió los platos con un exquisito guiso, cuando llegó a Teo añadió su semilla al plato. Teo se la comió sin darse cuenta siquiera.
Esa misma noche Teo se levantó a las doce en punto y se tiró al mar.....
Cuando todos los pescadores empezaron a preparar sus tareas el joven salió del agua cargado con un saco de algas. Todos le miraban como si fuera un fantasma.... Teo abrió su saco y sacó un cofre lleno de joyas y perlas, un cofre lleno de monedas de oro y otro lleno de diamantes.... Se quedó mirando a todos y dijo:

-Anoche me levanté porque escuché una llamada. Bajé al fondo del mar y allí estaban tres preciosas sirenas con un cofre en la mano. Cada una me dio un beso y puso el cofre en el saco de algas. Me dijeron que soy muy afortunado porque un gnomo utilizó su magia para que las escuchara. El gnomo les contó mi historia de amor y ellas me entregaron todas estas riquezas. ¡Somos ricos muchachos! Compartiré con todos vosotros los tesoros y aún así tendré riqueza suficiente para casarme con mi amada.

Los marineros le dejaron en una gran isla. Era un lugar precioso lleno de palmeras. Había bosques de palmeras por todas partes. Y cosa curiosa para Vito eran esas piedras grandes en grandes grupos. Pasó muchos días sin encontrarse con nadie. Creía que estaba solo en la isla hasta que vio a un pequeño conejito mirándole como bebía en su taza de hoja de palmera.

-Hola. Pensaba que no vivía nadie mas que yo en esta isla-. Le dijo Vito al conejo.

-Antes estaba yo solo, hasta que has llegado tu. Llevo cien años en esta isla yo solo, desde entonces soy conejo.

-¿Estas hechizado?

- Si. Soy el Rey de esta isla.... El día de mi coronación el brujo me ofreció a su hija como esposa. Era una joven preciosa, pero yo ya estaba enamorado de Mireya, mi prometida. La hija del brujo hizo un juramento sagrado de no casarse hasta que yo la aceptara. Entonces su padre hizo un conjuro convirtiéndome en conejo.... Todos los habitantes de la isla fueron convertidos en palmeras, las casas en piedras y los animales en arbustos.

- Entonces serás conejo hasta que aceptes casarte con la hija del brujo???

- También puedo romper el hechizo comiendo una hoja de palmera. Si lo hago la palmera morirá, y lo peor de todo es que no se quien es Mireya-. El conejo contaba su historia con mucha tristeza.

-¡Vaya historia! No se como podría ayudarte......

-Si me como tu taza de hoja de palmera romperé el hechizo y no morirá nadie.

El gnomo le dio su taza y el conejo se convirtió en un gran rey. Las palmeras volvieron a ser personas y cada cosa volvió a ser lo que era.
En agradecimiento los habitantes de la isla construyeron un barco para Vito, y le entregaron un mapa que le llevaría al Submindo, un lugar insólito visto por muy pocos....

Vito se hizo a la mar y navegó...navegó...navegó hasta llegar a una montaña con una cueva gigante al nivel del mar. Entró en la cueva y fue absorbido a lo mas profundo de la tierra y los mares....
Había llegado al Submundo, ese lugar del que muy poco se sabe. Sus habitantes eran seres muy extraños. Caminaban sin rumbo y luego se daban la vuelta para seguir caminando. A veces alguno de ellos se quedaba parado y empezaba a llorar, luego seguía caminando como si nada. Nadie trabajaba en nada, llevaban una vida sin sentido.


A Vito se le ocurrió que necesitaban tener una ocupación.... ser útiles en algo. Se quitó su cinturón de raíz de mimosa y con su magia de gnomo hizo que la raíz creciera hacia el exterior, haciendo nacer una preciosa Mimosa llena de flores....

- ¡Habitantes del Submundo! Estas raíces necesitan alimentos para mantenerse vivas. Vosotros estais aquí para cuidarlas. Les daréis alimento para que sigan creciendo... cada vez habrá mas raíces que tendréis que alimentar. Si cumplís bien vuestro cometido estaréis embelleciendo el mundo exterior y enriqueciendo el Submundo. Vuestra existencia tendrá una utilidad y seréis necesarios en la naturaleza.....

Los extraños seres empezaron a cuidar las raíces y se sentían cada vez mas felices. Ya no caminaban sin rumbo, todos tenían algo útil que hacer... Su vida ya no era insulsa.
Vito echaba de menos Verdeclaro y un día cualquiera emprendió camino a casa. Pero esta vez llevaba las manos vacías, pues había entregado todas sus pertenencias para ayudar a otros....

Vio a su amigo Kako sentado en la montaña que él se subió tantas noches esperando a su estrella. Vito abrazó a su amigo un buen rato. Luego le contó todas las cosas que había visto.

-Se todo lo que has hecho en tus viajes Vito. Lo del muchacho del barco y las sirenas, lo del conejo que era un rey... y lo del Submundo.

- ¿Como puedes saberlo? Pensaba contártelo mas adelante... Me fui en busca de un tesoro para mi estrella y vuelvo con las manos vacías...

- Vuelves con el mejor de los regalos-. Dijo la Estrella desde lo alto del cielo.- Te he visto todo este tiempo, y se lo contaba a Kako. Eres muy generoso, y no esperas nada a cambio. Has hecho cosas muy valiosas por otros entregándoles tus posesiones sin importarte nada. Ese es el único regalo que una estrella no puede rechazar. Brillaré para ti cada noche durante el resto de tus días, que serán eternos y llenos de felicidad.... Iluminaré tus sueños mientras duermes y siempre te guiaré en tus viajes.

Vito se sintió el gnomo mas feliz del Universo.... Y vivió por siempre junto a su estrella.

*Cuchu* Safe Creative #1005066215817

jueves, 28 de enero de 2010

Las Estrellitas Valientes


Entre todas las estrellas del cielo, hay cinco que son muy, muy amigas; todas las noches se reúnen a jugar. Cada una tiene un brillo diferente, pero todas son igual de divertidas.
Una noche como cualquier otra se reunieron Oiana, Maribella, Kira, Mimosa y Cuchita en su rincón favorito del cielo.

Mimosa: Hola chicas ¿A qué jugamos hoy?

Maribella: A mí me gustaría ir al Cielo Musical, y subirme en las notas de música, a ver quién aguanta más sin caerse.
Kira: ¿Y si vamos a visitar a los meteoritos? podríamos intentar adelantarlos.

Oiana: O también podemos ir a jugar al Laberinto de Nebulosas. ¡¡La primera en encontrar la salida gana!!

Cuchita: Bueno... podemos jugar a todas esas cosas, la noche es larga, tendremos mucho tiempo para jugar.

Un viejo astro se acercó al grupo a ellas muy disgustado y bastante nervioso.

Astro: ¡Niñas se ha convocado una Reunión Celestial! Algo muy gordo ha debido pasar.

Las cinco amigas fueron con prisa al Rincón de Emergencias Celestiales y allí estaban reunidos todos los astros y estrellas del cielo.

Kira: ¿Qué ocurre?

Estrella: La Luna ha desaparecido. ¡Tenemos que buscarla! Los más sabios del Espacio Estelar piensan que algún agujero negro se la ha tragado... ¡No hay tiempo que perder!

Mimosa, Oiana, Kira, Maribella y Cuchita empezaron a buscar en Los Rincones Escondidos, otras veces que han desaparecido algunas estrellas las encontraron allí. Son dos rincones; en uno de ellos hay gran cantidad de cosas perdidas de algunos planetas. Trozos de cohetes rotos, un tejado de casa, un gran barco, trozos de robots oxidados, muchísimas pelotas de todos los tamaños y colores, naves espaciales y mil cosas más. Mimosa cogió una pelota y se la pasó a Maribella, las demás las imitaron y empezaron a jugar. Pasado un buen rato Oiana les recordó que debían seguir buscando.

En el otro rincón encontraron muchos trocitos de cristal, meteoritos, bolas de nieve, ríos pequeños y un planeta muy, muy pequeño, tan pequeño que parecía una pelota. Se acercaron a preguntarlesi había visto a la Luna.

Planeta: por aquí no ha pasado la Luna, ni nadie en mucho tiempo, como soy tan pequeño nadie se ha dado cuenta que estoy aquí escondido ¿Me prometéis que no se lo diréis a nadie?  Me encuentro tan bien aquí...
Cuchita: De acuerdo, pero si ves a la Luna dile que la estamos buscando por todas partes.

Se acercaron al Laberinto de Nebulosas por si estaba por allí. Entraron todas juntas y empezaron a buscar entre el polvo de estrellas del laberinto.

Maribella: Este es uno de mis lugares favoritos ¡Como brilla el polvo de estrella!

Se recorrieron el laberinto y preguntaron a las nebulosas si habían visto a la Luna. En el recorrido se pusieron a jugar a ver quién salía la primera de las nebulosas. Maribella salió la última, le gustaba tanto el Laberinto que no quería salirse de él. Pero seguían sin encontrar a la Luna y no debían perder más tiempo.

Fueron al Cielo Musical y se subieron en las notas musicales, que subían, bajaban; era tan divertido aquél lugar. Cada vez que se subían en una nota ésta emitía un sonido y como las estrellitas no paraban de saltar de una nota a otra, hicieron sonar una canción en el cielo. Era uno de sus juegos favoritos, sobre todo para Mimosa
Las estrellas preguntaron por la Luna y aquí tampoco la vio la había visto nadie.
Visitaron a los meteoritos y tampoco la encontraron allí.
Oiana: ¿Que pensáis? Tenemos que ir a los agujeros negros.

Mimosa: Que miedooooo....dicen que son muy oscuros.

Kira: ¡Pues claro, por eso son negros!

Cuchita: Tenemos que ser valientes y buscarla en los agujeros, la Luna no desaparecería sin avisar.

Maribella: Tienes razón Cuchita. Algo le ha pasado a la Luna. ¡¡Vamos a los agujeros sin pensarlo más!!

Y se pusieron en marcha las cinco estrellas totalmente decididas a encontrar a la Luna.
Cruzaron varios cielos, varias constelaciones y por fin vieron a lo lejos un gran círculo negro y lleno de la más absoluta oscuridad. Las estrellas se miraron unas a otras muertas de miedo. Todo el Universo sabe que los agujeros negros te absorben y no regresas jamás.

Kira: Vamos chicas, tenemos que hacerlo, lo hemos prometido. Buscaremos a la Luna y no pararemos hasta encontrarla.

Oiana: Pero si no podemos volver jamás ¿de qué servirá nuestra promesa? Deberíamos pensarlo bien.

Maribella: Yo pienso ir pase lo que pase.

Mimosa: Pues si tu vas yo también.

Cuchita: Yo pienso como Oiana; pero como somos tres contra dos haré lo que decida la mayoría.

Se acercaron las cinco estrellitas, muy juntas, al agujero negro, y sintieron cómo las absorbía hacia su interior. De pronto todo era negro, muy negro, y las estrellitas se mantenían muy juntas, temblando de miedo, pensando que nunca más volverían a su precioso rincón. No se dieron cuenta de cuánto tiempo estuvieron así... y de repente todo era luz y color.
Estaban en otra dimensión, donde todo resultaba mucho más bello, incluso ellas brillaban mucho más fuerte. Quedaron deslumbradas ante tanta belleza.

El espacio estelar brillaba con todos los colores, alternándolos, unas veces el cielo estaba azul, otras verde y naranja, y rojo con rosa y blanco. Se quedaron como hipnotizadas durante un buen rato.

¡Tilín, tilín, tilín! ¡Tilín!

Las estrellas escuchaban campanillas y se dirigieron en dirección al sonido. Llegaron a las puertas de un gran cielo lleno de estrellas de colores, con un brillo metálico deslumbrante. Una estrella Dorada se acercó a ellas...

Estrella dorada: Vosotras sois nuevas aquí, se nota en el brillo que tenéis, es muy simple. Si queréis podemos haceros brillar mucho más bonitas.

Kira: No necesito brillar más bonita gracias; pero me encantaría conocer este lugar a fondo. Sería estupendo quedarnos aquí una temporada.

Estrella Dorada: Todo el que viene aquí se queda para siempre

Cuchita: ¿Porqué? No entiendo porqué obligar a quedarse para siempre.

Estrella Dorada: ¡No obligan a nadie! Lo que pasa es que nadie quiere irse, este es el mejor lugar de todo el Infinito.

Oiana: A mí sí me gustaría brillar más bonita.

Maribella: Estrella Dorada ¿has visto a la Luna por aquí?

Estrella Dorada: Aquí todos somos estrellas y astros, todos brillan con luz propia, no hay lunas. Las que llegan tardan poco en pedir que se las convierta en estrella.

Mimosa: Pues si la Luna ha venido, tal vez ya no sea Luna. ¿Podemos quedarnos aquí todo el tiempo que queramos?

Estrella Dorada: Todo lo que queráis; seríais tontas si os marcharais.

Pasaron los tiempos y las cinco estrellitas ya no se reunían. Cada una de ellas tomó un camino diferente.

Oiana se convirtió en una estrella espectacular, su brillo deslumbraba, y se dedicó a recibir a los que venían del agujero negro, para encontrarles su lugar preferido; eso le hacía sentirse tan feliz que se olvidó de sus amigas.

Kira prefirió dedicarse a contemplar la belleza infinita del nuevo Universo; no se cansaba de descubrir cosas nuevas... y sin querer se olvidó de sus amigas.

Mimosa se dedicó a recitar poesía y todos los astros y estrellas se reunían a su alrededor para escucharla; se sentía feliz que dejó de recordar a sus amigas.

Maribella se quedó en el Cielo de los Arco Iris de Brillos Celestiales. Cada vez se enamoraba de un arco iris diferente, y aprendió a organizarlos y a cambiarlos de aspecto. Se convirtió en una experta de los arco iris... y nunca más volvió a pensar en sus amigas.

Cuchita quiso ser una estrella pintora, y daba color al cielo desprendiendo brillo de colores. Los mezclaba con tanta gracia que el cielo ganó en belleza... y tanto le gustaba su nueva ocupación que se olvidó de sus amigas.

Y pasaron los tiempos...

Un día Oiana recibió a una nueva visitante del agujero negro...

Oiana: Hola, acabas de llegar al lugar más bello del todos los Universos. Estoy aquí para encontrarte un lugar preferido y convertirte en estrella.

Luna: ¿Oiana? ¿No me reconoces? Soy la Luna,  hace mucho, mucho tiempo tu y tus amigas salisteis en mi busca, creyendo que había desaparecido.

Oiana: ¿Mis amigas? No sé de qué me hablas. Además no te conozco, ¿quién te ha dicho mi nombre?

La Luna enseguida comprendió lo que había pasado, ella también estuvo una vez en ese mismo lugar, y fue una estrella feliz y solitaria, hasta que un día los colores del cielo se oscurecieron y la Luna volvió a recordar quién era. Menos mal que volvió al agujero negro antes de que el cielo volviera a encenderse. Cuando llegó a su Cielo de siempre le contaron que las estrellitas fueron en su busca.

Luna le preguntó a Oiana si conocía el lugar en el que se encontraban unas estrellas llamadas Maribella, Cuchita, Mimosa y Kira; y le pidió que la llevara hasta cada una de ellas. Cuando consiguió reunir a las cinco estrellas les contó toda la historia, pero no consiguió convencerlas de que volvieran con ella. Entonces la Luna pidió a Oiana que la dejara ser una estrella pintora del cielo y cuando vio la ocasión pintó el cielo de brillo negro como la noche más oscura. En ese mismo momento reunió de nuevo a las estrellas que acababan de recordar quienes eran, y se metieron por el agujero negro de vuelta a su Cielo.

¡Bieeeeeennnnnn! Gritaron al salir del agujero negro. Volvían a ser ellas, las de siempre, volvían a ser esas cinco estrellitas muy, muy amigas, y se reunieron esa misma noche en su rincón. Se dieron cuenta que la felicidad de aquél lugar era un espejismo. La Luna se hizo muy amiga de ellas, y una vez al mes se reunía con sus amigas a jugar.
Ahora en el Universo todos las conocen por ser tan valientes.


Y colorín colorado...... espero que os haya gustado.

*Cuchu*


Y colorín colorado...... espero que os haya gustado.

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