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domingo, 17 de abril de 2011

Penélope y María



Ilustración de Esteban Bayo



Penélope era una preciosa niña, que vivía en una gran casa, tenía los mejores juguetes, la ropa más bonita, los zapatos más caros y lazos de todos los colores para el pelo.
Siempre había tenido cuanto deseaba y era muy feliz. Sus fiestas de cumpleaños eran famosas por ser las más divertidas. Todos los niños querían jugar con ella. ¿Qué más se podía pedir?

Un día su padre llegó a casa muy triste y reunió a la familia para darles una mala noticia...

-Estamos arruinados- dijo mirando al suelo tratando de contener las lágrimas -tendremos que vender esta casa y todo cuanto poseemos... incluso tus juguetes Penélope. Las deudas son tan grandes que nos quedaremos sin nada.- Dijo mirando a la niña con gran pena.

La madre de Penélope la abrazó con cariño y mirándola a los ojos le acarició el pelo con expresión de tristeza. La niña miraba a uno y luego a otro sin entender muy bien lo que pasaba.
Su padre tuvo que vender todo, muebles, juguetes, ropas... todo. Se quedaron con lo justo y se fueron a vivir a una casa pequeña y vieja, en un barrio donde todo el mundo era muy pobre. Penélope dejó de recibir la visita de sus amigos, ya no tenía con quien jugar  y empezó a sentirse muy sola.

Empezó a ir a un colegío nuevo,donde no conocía a nadie. Observaba a los niños y niñas en el recreo... eran muy diferentes a ella y no se atrevía a decirles nada por si la rechazaban.
Una niña se le acercó muy sonriente...

-¿Quieres jugar?- le preguntó a Penélope.

- No tengo juguetes, no puedo jugar- contestó la pequeña con cara triste.

-No hace falta tener juguetes... ¿juegas o no?- dijo Vanesa, que así se llamaba la niña.

-Vale; pero no sé jugar sin juguetes- dijo Penélope preocupada.

Los niños del colegio le enseñaron a jugar al “pilla pilla” , al pañuelo, al escondite, etc., y se lo pasó en grande. Cuando llegó a casa se lo contó a su madre. Se sentía muy contenta y se había divertido mucho porque había conocido a muchos niños.

-Mamá han todos han querido jugar  conmigo y no les ha importado nada que no tenga juguetes.

Su madre cuando vio a Penélope tan contenta, sintió una gran alegría. Ver feliz a su hija era el mayor regalo del mundo. Cuando su padre llegó a casa, después de una dura jornada de trabajo, Penélope le contó lo contenta que estaba con su nuevo colegio. Su padre sonrió por primera vez desde que se arruinara.

Penélope iba muy contenta al colegio porque allí estaban sus nuevos amigos, y aprendió muchos juegos y canciones. Se sentía muy bien con su nueva vida y no echaba de menos nada de lo que tenía antes, ni siquiera a sus anteriores amigos.

Un día fue con sus padres al centro comercial y se cruzó con María, la que antes era su mejor amiga. Penélope se acercó a saludarla y la niña la miró como si no la conociera, marchándose sin decirle nada. Ella no entendía por qué María hacía eso y se dirigió con enfado a su amiga para saber qué había hecho ella de malo.

-¿Por qué no me hablas? Antes eras mi amiga, siempre he sido buena contigo- le dijo Penélope.

-Antes eras como yo, ahora eres pobre. No tienes juguetes, vives en una casa vieja y fea y ¿te has visto?, vas vestida fatal. Ya no me apetece estar contigo. No eres tan divertida -. Contestó con aires de superioridad María.

-No tengo nada de pobre- contestó Penélope -tengo muchos amigos, que me quieren de verdad, no necesito tener juguetes porque he aprendido a divertirme sin ellos. No necesito nada de lo que tenía antes... y soy muy feliz.- Y dicho esto se dio la vuelta con la cabeza muy alta y se agarró de la mano de su madre, contiendo las lágrimas, porque ella quería mucho a María y le dolió que la despreciara.

Pasaron los meses y llegó el verano. Penélope no volvió a recordar su anterior vida de niña rica. Incluso se alegró de ser pobre, porque se sentía valorada y querida por ser ella misma, y no por tener los mejores juguetes o la ropa más de moda.

Una mañana Sergio y Vanesa vinieron a buscarla muy alborotados, al parecer se estaban mudando unos nuevos vecinos al barrio.

-Están descargando muebles en la casa pequeña- dijo Sergio.

-Y yo he visto una niña de nuestra edad entrando a la casa- dijo Vanesa.

Los tres niños salieron a la calle a curiosear. Querían conocer a sus nuevos vecinos.
Una niña salió de la casa y Penélope abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma.

-¿Qué te pasa? pareces un sapo con esos ojos saltones- dijo Vanesa al fijarse en la cara de su amiga.

La niña de la casa pequeña vio a Penélope y sintió tanta vergüenza que su cara se puso roja como un tomate.

-Hola María- dijo Penélope saludando a la niña.

María agachó la cabeza y se metió en la casa.

-¿La conoces?- preguntó Sergio.

-Si, antes era mi amiga... hasta que mi padre se arruinó y vine a vivir aquí. Después ya nunca quiso saber nada de mí.- contestó Penélope con tristeza al recordar el encuentro en el centro comercial.

En el barrio las tardes del verano eran muy divertidas. Todos los niños salían a jugar, mientras sus padres sentados en los bancos del parque charlaban de sus cosas. Penélope miraba la casa pequeña, esperando que María saliera a la calle; pero pasaban los días y la niña no salía nunca. Penélope empezó a sentir pena y preocupación por María, que seguramente prefería estar sola a pedir que la dejaran jugar. Pensó ir a buscarla, pero no se atrevió porque sabía que su antigua amiga era muy orgullosa y le diría que no. Tenía que pensar cómo hacer para convencerla.

María se pasaba las tardes asomada a la ventana mirando cómo jugaba Penélope. Estaba muy arrepentida de cómo se portó en el centro comercial, fue demasiado orgullosa al despreciarla por ser pobre... y ahora la pobre era ella. Al menos Penélope tenía amigos, ella ni siquiera eso. Se sintió una tonta por haber pensado que los pobres eran peor que ella. Ahora se daba cuenta de su error, porque ella no se sentía peor ahora que no tenía nada... seguía siendo la misma niña de siempre, sin juguetes, sin lujos; pero seguía siendo la misma María de siempre... y Penélope también era la de siempre ¡qué tonta fue al no darse cuenta de eso!

-Cariño... ¿Por qué no sales a jugar?, estoy segura que ahí fuera hay niñas que están deseando conocerte...- dijo su madre a María.

-No me apetece mamá... más tarde jugaré-  contestó la niña con un nudo en el estómago. Sentía tanta vergüenza de lo mal que se había portado con su mejor amiga, que prefería quedarse en casa.

-Está bien, si no quieres jugar no juegues, pero ahora mismo te vienes al parque conmigo, ya está bien de pasarse el día encerrada en casa-. Dijo su madre a la niña mientras la sacaba a la calle.

Penélope vio a María sentada en un banco con su madre y pensó que ese era un buen momento para intentar de nuevo hablar con ella.

-Hola María... ¿Quieres jugar con nosotros? Nos faltas tú para jugar al pañuelo- dijo Penélope guiñando un ojo a María y cogiéndola de la mano. Pensó que tratándola como si nada hubiera pasado, su amiga no tendría que pedir perdón por nada y tal vez así se animaría a jugar.

María en ese momento sintió un gran cariño y mucho agradecimiento por Penélope y decidió que debía pedir perdón, aunque no hiciera falta, porque su amiga ya la había perdonado.

-Penélope, quiero decirte que fui una tonta... por favor perdóname, he aprendido la lección. El orgullo no sirve para nada... bueno sí para hacer que me sienta muy sola y me quede sin mi mejor amiga-.

Las dos niñas se miraron a los ojos y emocionadas se abrazaron.

-Ahora tendrás muchos amigos María, ser pobre no es nada malo ¡todo lo contrario!, yo estoy más feliz que una perdiz jajajajaa- contestó Penélope más contenta que nunca.

Y María aprendió a jugar sin juguetes como hiciera Penélope meses atrás... también aprendió que no se debe despreciar a nadie porque las buenas personas pueden ser pobres o ricas, pero siempre son buenas personas. Comprendió que tener más juguetes o más dinero, no te hace mejor y que no tener dinero ni juguetes, no te hace peor. Pero sobre todo aprendió a valorar la amistad, que es la mayor de las riquezas.

y naranja anaranjado... este cuento ha terminado. ¿Os ha gustado?
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Aventuras de Dado y Canica



En el cajón de los juguetes viejos, hay una canica de cristal, con un ramillete de colores en su interior; también hay un pequeño dado de parchís, se perdió un día y alguien lo echó al cajón. Así es como se conocieron Dado y Canica. Se hicieron muy amigos, mientras pasaban los días, esperando a que alguien se acordara de ellos.

Una mañana hicieron limpieza en el cuarto de Dani… tiraron a la basura todo lo que ya no utilizaba el niño, de modo que Dado y Canica se encontraron en el cubo de la basura. Cuando se dieron cuenta de dónde estaban, se abrazaron temblando de miedo… Ya nadie jugaría nunca más con ellos, habían dejado de ser útiles. Se miraron con tristeza y empezaron a llorar.

Por la noche tiraron la bolsa de la basura al contenedor de la calle, después vino el camión y volcó todas las bolsas en su depósito trasero… Canica y Dado estaban asustados, notaban que los movían de un lado a otro y no entendían qué estaba pasando. El camión de la basura llegó al vertedero y volcó toda su carga en una gran montaña de desperdicios humanos.

La bolsa en la que estaban encerrados se rompió y quedaron libres. Canica empezó a rodar cuesta abajo a toda prisa…

-¡Canica espérame que yo soy cuadrado y no puedo rodar!- gritó Dado a su amigo Canica.

-¡Libres, somos libres Dado!- gritaba Canica sin poder creer lo que les acababa de pasar.

Como nadie los necesitaba y eran totalmente libres, Dado y Canica pensaron hacer un viaje alrededor del mundo. Lo primero que hicieron fue acercarse a la ciudad, necesitaban bañarse porque ¡olían a basura! Se metieron en una pequeña fuente y nadaron, bucearon, se salpicaron ¡Qué bonito les parecía ser libres!

-¿A dónde quieres que viajemos primero?- preguntó Canica entusiasmado.

-Quiero ir al país de los juguetes abandonados, allí no estaremos solos y seremos felices- contestó Dado

-¿El país de los qué? Ese sitio no existe. ¿No te apetece conocer mundo?- dijo Canica a su amigo, que siempre fue un poco ingenuo.

-¡Siiiii! Eso es lo que quiero… conoceremos las grandes montañas llenas de nieve, y nos tiraremos en trineo cuesta abajo. Navegaremos en barco a las islas y descubriremos grandes tesoros… salvaremos princesas en peligro ¡y mil cosas más!- contestó Dado muy feliz con todas esas aventuras que les estaban esperando.

Empezaron su camino a las grandes montañas. Cruzaron un gran río y llegaron a una pequeña aldea de apenas cincuenta habitantes. A Dado y Canica les pareció un lugar mágico para pasar la noche. Se pusieron a mirar el cielo y pasó una estrella fugaz…

-¡Mira Alex una estrella fugaz! Ahora tal vez se cumpla mi deseo- dijo Elisa a su hermano con una gran sonrisa.

-¿Y cuál es tu deseo?- preguntó Alex, aunque ya sabía la respuesta.

-He pedido un juguete para cada uno ¡ya lo sabes!- dijo Elisa muy contenta por haber visto la estrella.

Dado y Canica escucharon toda la conversación de los niños y se quedaron muy extrañados. Les parecía muy raro que esos niños no tuviesen juguetes. Decidieron quedarse un par de días en la aldea, querían saber por qué unos niños no tienen con qué jugar…

-¿Por qué no nos quedamos con esos niños Canica? Podríamos ser su juguete ¡seríamos útiles de nuevo!

-Primero vamos a investigar un poco Dado, ya nos tiraron a la basura una vez ¿recuerdas?

Los dos sintieron ganas de quedarse allí, pero antes cotillearon un poco por la aldea… En una pequeña cabaña vieron a una anciana que estaba contando algo a su hijo.

-¿Cuánto tiempo más estaremos bajo el hechizo de esa bruja loca? Sólo hay dos niños en la aldea, y se sienten muy solos; y por si fuera poco no pueden tener juguetes porque la bruja ha prohibido fabricarlos. Ni siquiera los Reyes Magos, Papá Noel o el ratoncito Pérez pueden encontrar este sitio… esos niños tienen muy mala suerte.

-Madre la bruja dijo que sólo una cosa podría romper el hechizo… sus palabras exactas fueron “Maldigo esta aldea a la soledad absoluta; ninguna persona, animal o ser mágico podrá entrar aquí… y vosotros no podréis salir, hasta que llegue lo que yo no he dicho”, ¿qué será lo que la bruja no dijo?

Dado y Canica se quedaron impresionados al escuchar la historia…

-Pobres niños- dijo apenado Canica

-Si… Nosotros podríamos alegrarles un poco la vida ¿no crees? Agregó Dado pensativo

A la mañana siguiente los niños se levantaron, para ir a casa del señor Ramón, que era su profesor. Elisa tropezó con algo cuadrado, se agachó y qué estupenda sorpresa ¡un dado y una canica! Estaban allí mismo a sus pies. Ella se quedó el dado y Alex la canica… se los llevaron a casa del profesor y se lo enseñaron.

-¿Pero cómo puede ser? ¿Cómo han llegado hasta aquí?- dijo el profesor bastante intrigado por el hallazgo.

-Estaban en el suelo señor Ramón, le prometo que yo sólo pedí un deseo a una estrella fugaz…La bruja no puede quitarme este juguete, no lo ha traído nadie y no es un animal ni una persona, y tampoco es mágico.- dijo Elisa inocentemente sin saber que acababa de dar con la solución del hechizo.

-¡Claro! Lo que la bruja no dijo es un objeto o cosa… ¡Sólo un objeto puede entrar! Estos juguetes han venido solos

Dado y Canica contaron todo lo que les pasó hasta ese momento…comprendieron que al visitar la aldea, habían salvado a sus habitantes del hechizo ¡Se sintieron tan felices en ese momento!

Decidieron quedarse para siempre con Elisa y Alex, les hubiera gustado conocer el mundo; pero ellos eran juguetes y ahora sí que les querían… jugaban con ellos todos los días.

La aldea ya no estaba hechizada y los reyes Magos, Papá Noel y el ratoncito Pérez ya podían venir… Vinieron más habitantes y con ellos más niños; pero Elisa y Alex jamás dejaron solos en un rincón a Canica y Dado.

Naranja anaranjado…este cuento ha terminado ¿Os ha gustado?

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domingo, 12 de septiembre de 2010

La Biblioteca Mágica


Se acabaron las vacaciones para Irene. A ella le gusta mucho su cole porque allí están sus amigos, y podrá verlos todos los días, y la Elvira, su señorita que la adoraba... ¡Era tan guapa!, ¡ tan buena!, ¡y tan cariñosa!

¡Cuánto los había echado de menos! Tenía muchas cosas que contar sobre el verano… tantas que seguro se le olvidaba algo.

Irene muy ilusionada preparó la cartera con su madre, y metió una tarjetita que hizo con mucho cariño para regalar a la señorita Elvira el primer día de cole. ¡Qué ganas tenía de darle un abrazo!

-¿Estás muy contenta de ver a tus amigos nuevamente? –preguntó mamá sonriendo..

-Siiii, y a la señorita Elvira... porque este año estará ella ¿no? –contesta Irene con entusiasmo.

-Claro cielo, este año tienes la misma señorita… - dijo mamá.

¡¡y por fin amaneció el primer día de cole!!

Irene se levantó con más ganas que nunca, estaba muy nerviosa. En su cabeza se agolpaban las preguntas ¿Será difícil este curso? ¿Seré capaz de aprenderlo todo? ¿Estarán todos mis amigos? ¿Se darán cuenta de mi precioso corte de pelo?

Cuando en la puerta del cole vio a todas las mamás y a sus amigos, los nervios fueron aún mayores… Le dio un beso precipitado a su madre y entró corriendo a la fila.
Todos se besaron y empiezaron a contarse las aventuras del verano…

-¡He montado en avión! Las casas eran cada vez más pequeñas, hasta que ya no se veían….Y las nubes ¡una cosa increíble! ¡Quiero ser piloto de aviones! –contaba atropelladamente Sergio.

-Yo monté en barco… paraba en todas las ciudades que están en la playa ¡había gente rarísima en algunos sitios! ¡Y comían aaaggggg cosas asquerosas! –contó Malena

Irene se sentía muy feliz de estar otra vez con su mejor amiga Erika, que le contó que había estado en Asturias disfrutando mucho. Irene le dijo que ella fue a la playa dos veces, también a la montaña un fin de semana y a no sé cuántos sitios más…
Los niños y niñas hablaban y hablaban sin parar, todos querían contar sus cosas.

-Vamos a la clase charlatanes- dijo la señorita.

Irene se quedó extrañada ¡Esa señorita no es Elvira!
Una vez en clase, la señorita se presentó.

-Hola, me llamo Marga, seré vuestra profesora este año.

-Pero ¿por qué no viene Elvira? Mi madre me ha dicho que este año nos toca con ella.- preguntó Irene bastante desilusionada…

Esta profesora no le agradaba nada, tenía cara de bruja fea y su voz no le parecía tan agradable como la de su seño.

-La señorita Elvira ha tenido que trasladarse de colegio por cosas personales, sé que os hubiera gustado seguir con ella; pero a veces las cosas no son como nos gustaría. Espero hacerme muy amiga vuestra y que me queráis tanto como a Elvira-. Explicó la nueva profesora.

Pasaron el día de clase contando cada uno sus experiencias y esta vez de uno en uno. Cuando acabó la clase, Irene salió del colegio un poco seria, no se imaginaba todo el curso con esa nueva profesora ¡qué desagradable!

Su madre la esperaba en la puerta impaciente por saber cómo habría sido el primer día de su niña. Irene la besó con una carita tristona.

-¿Se puede saber qué te pasa? No has soltado una sola palabra desde que has salido del colegio, con lo contenta que estabas, algo ha tenido que pasar- preguntó su madre intrigada.

-Ya no tengo a la señorita Elvira ¡Y no me gusta la nueva! Es fea y parece una bruja ¡No me gusta nada!- contestó la niña muy disgustada.

-No está nada bien decir eso, no la conoces ¿Cómo sabes que no te gusta? –le dijo su madre.

Al día siguiente Irene volvió al colegio con la esperanza de que Elvira hubiera vuelto. Cuando llegó a la fila, se topó con la realidad... Marga estaba allí otra vez, y por lo que hablaron en la fila, parecía que a sus compañeros tampoco les gustaba la nueva seño.


-Vaya, vaya… veo que no os gusto nada ¿puedo saber por qué? Ni siquiera sabéis como soy. Por vuestras caras adivino que os parezco seria, aburrida, fea, vieja y no sé cuántas cosas más… en pocas palabras ¡no os gusto nada!- dijo Marga a los niños divertida con la situación.

Todos se sintieron muy avergonzados con las palabras de la seño. Irene se puso colorada y fijó su mirada en el suelo.

-Hoy tenemos una excursión muy especial, levantaros de vuestros taburetes y poneros en fila agarrados de la mano- dijo la seño.

Sacó de su bolso un trozo de tela que clavó con chinchetas en la pared, era el dibujo de una puerta . Cogió la mano de Irene, que era la primera de la fila, abrió la puerta de la tela y la cruzaron.

¿Qué había pasado? Al otro lado de la puerta se encontraron en medio de una gran biblioteca, con pasillos interminables llenos de libros.

-Estáis en mi biblioteca mágica. Cada libro contiene un mundo de aventuras, que se hará realidad con sólo abrirlo- explicó Marga.

-¿En serio?- preguntó Sergio sin creer lo que estaba pasando.

Marga les acercó un libro que trataba sobre la matemáticas, lo abrió y todos los números salieron volando…

Irene miró a su alrededor  con la boca abierta por la sorpresa. Ahora se encontraban en un lugar lleno de cuadrados, circulos, triángulos, etc.  y los números estaban jugando con los signos de sumar, restar y multiplicar. Todo era bastante divertido y muy mágico

-Estáis en el mundo de las matemáticas, y aprenderéis muchas cosas jugando con los números, ¿os parece divertido?- explicó la señorita.

-Hola, soy el signo de multiplicar… multiplico, multiplico, multiplico…- dijo la X un poco alocada.

-Yo soy el 2, si la X se pone a mi lado, me multiplica y crezco…. crezco… crezco jajajaja- dijo dando volteretas.

Los niños de la clase estaban impresionados, nunca habían vivido la magia de verdad. Marga cerró el libro y todos los números y signos desaparecieron, volviéndose a encontrar en la biblioteca de nuevo.

¡Parecía increíble! Estaban en un mundo mágico y era de verdad.

Irene vio un libro de naturaleza… Lo abrió y salieron volando cientos de mariposas, mariquitas, una nube lloviendo, flores y mil cosas más.

-Hola soy un copo de nieve ¿Te gusta mi forma?, parezco una estrella. Ningún copo de nieve es igual a otro ¿lo sabias? Todos tenemos una forma distinta y única…
- contó el copo de nieve muy orgulloso de su forma.
- ¿Sabías que en el agua comienza la vida? Por eso soy tan importante en la tierra- dijo una gota de agua.

Sergio cerró el libro, tenía mucha curiosidad por abrir uno de cuentos… lo abrió y ¡cientos de personajes de cuento salieron fuera!

-Tu eres el lobo de los tres cerditos… ¿Cómo eres tan tonto de soplar en una casa de ladrillos? ¿Acaso no sabes que son muy resistentes?- dijo Sergio entusiasmado. Jamás en su vida se había divertido tanto.

-¡Yo no tengo la culpa! Solo hago lo que el escritor quiere que haga, o nadie te ha dicho que yo no escribí el cuento?? - contesta el lobo con mal genio.

Irene y Erika jugaron con Caperucita roja a “tú la llevas”, Malena y Elías se metieron en la casa de los tres osos con “ricitos de oro” y probaron la sopa y se tumbaron en las camas... al final los osos se enfadaron y tuvieron que marcharse de allí.

-Vamos chiquillos, cerrar el libro que tenemos que regresar a la clase- les dijo la seño.

Todos protestaron, querían seguir abriendo libros y descubrir mundos nuevos. Aquello era lo más genial que les había pasado nunca.

-Os prometo que todos los lunes visitaremos la biblioteca mágica, aprenderéis mucho aquí, y os divertiréis mucho-. Dijo Marga muy contenta con sus nuevos alumnos.

Volvieron a la clase y la señorita Marga quitó la tela con la puerta dibujada, la guardó en su bolso y les preguntó de nuevo.

-Bueno decidme ¿os parece que vais a querer aprender conmigo o no?

-Perdóname señorita Marga… ahora que te miro bien, eres guapa, además no importa ser joven o vieja ¡eres una súper señorita! ¡He sido una tonta!- dijo Irene arrepentida.
Todos los niños de la clase pidieron perdón a Marga por haber sido tan poco generosos con ella. Ahora estaban encantados de que fuera su profesora.
Irene volvió a su casa, contando a su madre por el camino, todas las aventuras vividas en el colegio.

-Jajaja qué imaginación tienes ¡una biblioteca mágica! Jajaja. Me alegro mucho que al fin te agrade tu nueva profesora- contestó mamá riendo. Sin creer que fuera cierto lo que Irene le contaba.

A ella no le importó demasiado si le creían o no… Pero cada lunes vivía una maravillosa aventura en la biblioteca mágica. ¡Qué suerte tener a Marga como señorita!
Irene aprendió que los cambios se deben aceptar sin miedo; porque pueden traer sorpresas muy agradables. Y su seño Marga en realidad no era fea, ni vieja ni desagradable... ¡era estupenda!
Y leer se convirtió en una diversión para ella.

Y naranja anaranjado…este cuento ha terminado ¿Os ha gustado?

*Cuchu*

miércoles, 9 de junio de 2010

Ana tiene un caracol

Ilustración de Esteban Bayo

Ana tiene tres añitos, y es una niña preciosa, alegre y muy divertida.

Un domingo sus papás la dejaron en casa de sus abuelitos a pasar el día.

El verano estaba a punto de empezar, y el jardín se llenó de rosas blancas, rosas , rojas....

Los muros estaban verdes de hiedras y jazmines. Olía muy bien, y se estaba muy fresquito. Las mariposas venían a visitar a la pequeña Ana.... también las libélulas, mariquitas, salamandras y hasta grillos y saltamontes...

Su abuelo y ella siempre se entretenían en mirar a los pequeños insectos. En un rinconcito había un caracol grande.


-¡Abuelo mira....es un caracol, está muy solito!


El abuelo lo cogió y se quedó mirándolo....


-Parece que tiene el caparazón un poco roto-. Le dijo su abuelo


-Pobrecito!!! ¿Porqué no le ayudamos? Le preparamos una caja y cuidamos de su caparazón.... por favor abuelito.


-De acuerdo cuidaremos de....¿Como se llama tu nuevo amigo?


-"Caracolcito".- Concluyó Ana


La niña fue a contárselo todo a su abuela, que sacó enseguida un cajón grande de plástico transparente, con una tapa verde de rejilla, en la que había dos ventanitas transparentes que se abrían y cerraban.

Ana y su abuela salieron al jardín con el cajón y llenaron el fondo de éste con piedrecitas de varios tamaños. Después añadieron tierra, algunas raíces, hojas de hiedra, jazmín, etc.... Añadieron agua para que la nueva casa de "Caracolcito" estuviera completa.....ya se sabe que los caracoles necesitan mucha humedad.

Ana metió al caracol en el cajón y lo llevó a la salita, con la ayuda de su abuela. Se pasó la tarde mirando a su amiguito, que se movía de un lado a otro moviendo sus antenas....


-Abuela tiene una bolita en las antenas, y un puntito en la bolita.....


- Si cielo, son sus ojos


-Vaaaaaya. - Ana estaba encantada con Caracolcito


Cuando llegaron sus padres a buscarla, les enseñó el cajón, y les contó toda la aventura hasta conseguir la casa de Caracolcito. Antes de despedirse, le dijo a su abuela que cuidara de que no se saliera del cajón.


-Mañana vengo a verle abuelita. Cuida de el.


-Vale cariño..... yo me ocupo.


Ana no pudo ir a casa de los abuelos al día siguiente, pero el Martes su mamá la llevó nada más salir del cole a comer con ellos. Vivían muy cerca de su casa.

Fue derecha a buscar su caracol.

-Abuelita no está Caracolcito...no le veo por ninguna parte


-No puede ser....tiene el cajón cerrado


Entonces Ana levantó una hoja de hiedra y por debajo estaba pegado Caracolcito...Pero no se movía. Su abuela le cogió y estaba un poco seco....no salía de su caparazón. Miraron las hojas y no había comido de ninguna. Además el cajón estaba bastante seco....la tierra no tenía humedad.

La abuela de Ana se sintió muy disgustada....se le olvidó añadir un poquito de agua el día anterior.


-¡Ay cariño! pobrecito animal......Corre Ana trae agua.... Dijo la abuelita muy apenada por si se moría el caracol.


Ana echó un vaso de agua encima de Caracolcito..... en un par de minutos empezó a moverse y sacó el cuerpo y las antenas miraron a la pequeña guiñándole uno de sus ojos de bola.


Le pusieron lechuga fresca y empezó a comer y comer hasta que se quedó bien lleno...Ana que no paraba de mirarle, notó como sonreía.....


-Abuela me ha sonreído.


-Acabas de salvarle la vida!!! - Dijo la abuela muy contenta abrazando a su nieta.


-Si.....soy una super héroe ¿a que si?


-Ahora Caracolcito es feliz gracias a tus cuidados....Pero no olvides que cuando se le cure el caparazón, hay que soltarle de nuevo para que sea libre... ¿Vale cariño?


-Si abuelita...le soltaré para que sea muy feliz con una caracolcita. - Dijo Ana muy satisfecha por salvarle la vida a su amiguito.


Cuidó a su caracol una semana. Ya estaba curado. Ana cogió a Caracolcito con mucho cuidado y lo llevó al jardín...le dejó en el mismo lugar que estaba cuando le encontraron. La niña vio como se alejaba su amiguito sintiéndose muy feliz por haberle salvado..... Caracolcito paró un instante y volvió a sonreír.

Desde entonces Ana cuida de todos los animalitos, y cuando ve un caracol siempre recuerda a su amigo Caracolcito, que viene a visitarla de vez en cuando.......


......Y esta historia ha terminado


*Cuchu*

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jueves, 6 de mayo de 2010

La Estrella de Vito

Un gnomo se enamoró de una estrella, y cada noche le ofrecía un regalo esperando que se fijara en él. Se pasaba todo el día buscando algo bonito para ella. Cuando lo encontraba se subía a la montaña mas alta para entregar su regalo.
Se quedaba allí toda la noche hasta que se dormía y cada amanecer el regalo estaba donde lo dejó.... -No le ha gustado. Esta noche le subiré uno mejor. Es una Estrella, no se conformará con cualquier cosa. Y empezaba a buscar de nuevo. Vito -ese era su nombre- no se daba por vencido.
Le llevó flores, perlas, cristales en forma de lágrima, polvo de hada....y mil cosas mas.

Un día que llovía mucho Vito no pudo salir a buscar y para no aburrirse visitó a su amigo Kako. Siempre que se juntaban Vito aprendía cosas nuevas, su amigo era el mas viejo y sabio del Valle Verdeclaro.

-Cuenta como vas con tu estrella Vito ¿Has conseguido algo que le guste?

-Sigo buscando...no ha cogido ningún regalo-. Vito dijo esto un poco apesadumbrado.

-¿Porqué no te vas de viaje? Fuera de Verdeclaro hay lugares maravillosos. Tal vez no esté aquí lo que buscas....- Le aconsejó Kako a su buen amigo.

-¡Claro! Es el mejor de los consejos.... Recorreré los mundos, reinos y aldeas hasta encontrar algo que sea capaz de deslumbrar a mi Estrella.

Preparó un hatillo con sus cosas mas queridas. Una taza de hoja de palmera, un cinturón de raíces de Mimosa y una semilla que heredó de su abuelo y que era su amuleto protector. Al amanecer salió de su pequeña choza y empezó a caminar sin rumbo fijo.

Caminó hasta donde empieza el mar y se acercó al puerto. Vio un barco pesquero y se ofreció como cocinero a cambio de que le llevaran.
Entre los marineros había un joven muy larguirucho y tristón, al que todos llamaban Teo. Vito se acercó a preguntarle el motivo de su tristeza.

-Estoy enamorado de una joven, hija de un rico mercader. Es inalcanzable para un pobre pescador como yo...- Dijo el muchacho resignado al cocinero Vito.

El Gnomo sintió compasión del muchacho. Su historia era parecida a la de él.
A la hora de comer todos los pescadores se sentaron alrededor de la mesa. Vito sirvió los platos con un exquisito guiso, cuando llegó a Teo añadió su semilla al plato. Teo se la comió sin darse cuenta siquiera.
Esa misma noche Teo se levantó a las doce en punto y se tiró al mar.....
Cuando todos los pescadores empezaron a preparar sus tareas el joven salió del agua cargado con un saco de algas. Todos le miraban como si fuera un fantasma.... Teo abrió su saco y sacó un cofre lleno de joyas y perlas, un cofre lleno de monedas de oro y otro lleno de diamantes.... Se quedó mirando a todos y dijo:

-Anoche me levanté porque escuché una llamada. Bajé al fondo del mar y allí estaban tres preciosas sirenas con un cofre en la mano. Cada una me dio un beso y puso el cofre en el saco de algas. Me dijeron que soy muy afortunado porque un gnomo utilizó su magia para que las escuchara. El gnomo les contó mi historia de amor y ellas me entregaron todas estas riquezas. ¡Somos ricos muchachos! Compartiré con todos vosotros los tesoros y aún así tendré riqueza suficiente para casarme con mi amada.

Los marineros le dejaron en una gran isla. Era un lugar precioso lleno de palmeras. Había bosques de palmeras por todas partes. Y cosa curiosa para Vito eran esas piedras grandes en grandes grupos. Pasó muchos días sin encontrarse con nadie. Creía que estaba solo en la isla hasta que vio a un pequeño conejito mirándole como bebía en su taza de hoja de palmera.

-Hola. Pensaba que no vivía nadie mas que yo en esta isla-. Le dijo Vito al conejo.

-Antes estaba yo solo, hasta que has llegado tu. Llevo cien años en esta isla yo solo, desde entonces soy conejo.

-¿Estas hechizado?

- Si. Soy el Rey de esta isla.... El día de mi coronación el brujo me ofreció a su hija como esposa. Era una joven preciosa, pero yo ya estaba enamorado de Mireya, mi prometida. La hija del brujo hizo un juramento sagrado de no casarse hasta que yo la aceptara. Entonces su padre hizo un conjuro convirtiéndome en conejo.... Todos los habitantes de la isla fueron convertidos en palmeras, las casas en piedras y los animales en arbustos.

- Entonces serás conejo hasta que aceptes casarte con la hija del brujo???

- También puedo romper el hechizo comiendo una hoja de palmera. Si lo hago la palmera morirá, y lo peor de todo es que no se quien es Mireya-. El conejo contaba su historia con mucha tristeza.

-¡Vaya historia! No se como podría ayudarte......

-Si me como tu taza de hoja de palmera romperé el hechizo y no morirá nadie.

El gnomo le dio su taza y el conejo se convirtió en un gran rey. Las palmeras volvieron a ser personas y cada cosa volvió a ser lo que era.
En agradecimiento los habitantes de la isla construyeron un barco para Vito, y le entregaron un mapa que le llevaría al Submindo, un lugar insólito visto por muy pocos....

Vito se hizo a la mar y navegó...navegó...navegó hasta llegar a una montaña con una cueva gigante al nivel del mar. Entró en la cueva y fue absorbido a lo mas profundo de la tierra y los mares....
Había llegado al Submundo, ese lugar del que muy poco se sabe. Sus habitantes eran seres muy extraños. Caminaban sin rumbo y luego se daban la vuelta para seguir caminando. A veces alguno de ellos se quedaba parado y empezaba a llorar, luego seguía caminando como si nada. Nadie trabajaba en nada, llevaban una vida sin sentido.


A Vito se le ocurrió que necesitaban tener una ocupación.... ser útiles en algo. Se quitó su cinturón de raíz de mimosa y con su magia de gnomo hizo que la raíz creciera hacia el exterior, haciendo nacer una preciosa Mimosa llena de flores....

- ¡Habitantes del Submundo! Estas raíces necesitan alimentos para mantenerse vivas. Vosotros estais aquí para cuidarlas. Les daréis alimento para que sigan creciendo... cada vez habrá mas raíces que tendréis que alimentar. Si cumplís bien vuestro cometido estaréis embelleciendo el mundo exterior y enriqueciendo el Submundo. Vuestra existencia tendrá una utilidad y seréis necesarios en la naturaleza.....

Los extraños seres empezaron a cuidar las raíces y se sentían cada vez mas felices. Ya no caminaban sin rumbo, todos tenían algo útil que hacer... Su vida ya no era insulsa.
Vito echaba de menos Verdeclaro y un día cualquiera emprendió camino a casa. Pero esta vez llevaba las manos vacías, pues había entregado todas sus pertenencias para ayudar a otros....

Vio a su amigo Kako sentado en la montaña que él se subió tantas noches esperando a su estrella. Vito abrazó a su amigo un buen rato. Luego le contó todas las cosas que había visto.

-Se todo lo que has hecho en tus viajes Vito. Lo del muchacho del barco y las sirenas, lo del conejo que era un rey... y lo del Submundo.

- ¿Como puedes saberlo? Pensaba contártelo mas adelante... Me fui en busca de un tesoro para mi estrella y vuelvo con las manos vacías...

- Vuelves con el mejor de los regalos-. Dijo la Estrella desde lo alto del cielo.- Te he visto todo este tiempo, y se lo contaba a Kako. Eres muy generoso, y no esperas nada a cambio. Has hecho cosas muy valiosas por otros entregándoles tus posesiones sin importarte nada. Ese es el único regalo que una estrella no puede rechazar. Brillaré para ti cada noche durante el resto de tus días, que serán eternos y llenos de felicidad.... Iluminaré tus sueños mientras duermes y siempre te guiaré en tus viajes.

Vito se sintió el gnomo mas feliz del Universo.... Y vivió por siempre junto a su estrella.

*Cuchu* Safe Creative #1005066215817

viernes, 26 de febrero de 2010

Una Excursión muy especial



Jeremías acaba de mudarse a un nuevo hogar, pero está muy triste porque nadie quiere jugar con el....todos van muy bien vestidos, y tienen los mejores juguetes. Jeremías ha querido jugar con ellos, pero no le han dejado porque dicen que es un niño mal vestido...además no tiene juguetes nuevos.

Ahora se siente bastante solo. No entiende que les pasa a los niños de este lugar....en su pueblo todos son amigos de todos y juegan mucho sin usar juguetes.Su madre que se ha dado cuenta de que Jeremías no está bien le pregunta:

-¿Te ocurre algo cielo? te noto triste, y eso no es normal en ti......Si quieres puedes contármelo. Tal vez pueda ayudarte.
-No me gusta este pueblo, aquí nadie juega conmigo....todos tienen juguetes nuevos, y visten con ropa que es muy cara y muy bonita. Por eso no quieren jugar conmigo, no soy como ellos....

La mamá de Jeremías piensa que tiene que hablar con la profesora del niño...a ver si le ayuda un poco. Al día siguiente se acerca al colegio y le cuenta a la señorita Marta el problema de Jeremías.

-No se preocupe......se me está ocurriendo una idea que tal vez solucione este problemilla-. Le dijo la señorita a la mamá de Jeremías.
.............................................................

La señorita Marta convoca a los padres de los niñ@s a una reunión en la clase del colegio.

-Les he pedido asistencia porque vamos a ir de excursión de fin de semana a un campamento. La intención es que los niños tengan una convivencia mas íntima y aprendan ciertos valores.
El campamento que he elegido es uno de los mejores que hay...tiene todas las comodidades imaginables, vamos que es un lugar mas bien lujoso.
Solo que hay una regla necesaria para poder ir......... todos los niñ@s tienen que llevar ropas humildes y calzado humilde. Además no llevarán ningún juguete.

Algunos padres estuvieron encantados con la idea, otros por el contrario se enfadaron mucho ¿ Que mi hij@ se va a vestir de andrajos@? ¡Ni en broma!
Marta consiguió que aceptaran once padres en total....

El día de la excursión todos los peques se subieron en un autobús. Jeremías no se veía distinto de ellos, y eso le gustó mucho. Fueron cantando todo el camino.
Cuando llegaron al campamento y se reunieron en el gran salón de actos, para ser presentados al resto de niños que estaban allí, vieron que todos estaban vestidos con ropas bonitas y ellos no.....

Los niños del campamento dieron un poco de lado al grupo de Jeremías. A él no le afectó mucho porque ya estaba bastante solo en su clase del cole, pero a sus compañeros les hizo sentirse muy mal.

Jorge se acercó a Jeremías que estaba jugando a tirar piedras al río.
-Hola Jeremías ¿me dejas jugar contigo? los niños de este sitio son unos antipáticos y no me hacen ni caso ¿Te quieres creer que no juegan conmigo porque voy vestido así?

-Claro que me lo creo. Vosotros hicisteis lo mismo conmigo. Jorge te sientes distinto con tu ropa vieja? ¿Eres peor que antes?

-¿Que tontería! pues claro que no me siento peor...soy el mismo de siempre, solo he cambiado la ropa. No entiendo a donde quieres llegar Jeremías.

-Si yo me vistiera con ropa cara habríais jugado conmigo cuando llegué al pueblo....me rechazasteis por no tener el mismo aspecto que vosotros. Si tu no eres peor con ropas viejas ¿porqué piensas que yo si lo soy?

Jorge sintió mucha vergüenza por como se había portado con Jeremías. Acababa de darse cuenta que se portó como un idiota y le pidió perdón a su nuevo amigo.

Los demás niños se sintieron muy tristes ese fin de semana...se dieron cuenta que ellos también se portaban mal con los que no visten igual que ellos, y les pareció una tontería grandísima....sintieron vergüenza por haber sido de esa manera.

A partir de entonces todos los niños que fueron al campamento se hicieron amigos de Jeremías, y nunca volvieron a dar de lado a nadie antes de conocerle.....
Jeremías ya no volvió a sentirse triste, y se lo pasaba en grande con sus nuevos amigos.
La señorita Marta preguntó a todos qué habían aprendido de la excursión, y la respuesta fue:

QUE NO HAY QUE DEJAR SOLO A ALGUIEN PORQUE NO NOS GUSTE SU ASPECTO EXTERIOR.....LO QUE IMPORTA REALMENTE ES LO QUE HAY DEBAJO.
Y colorín colorado....espero que os haya gustado

*Cuchu* votar

jueves, 28 de enero de 2010

Las Estrellitas Valientes


Entre todas las estrellas del cielo, hay cinco que son muy, muy amigas; todas las noches se reúnen a jugar. Cada una tiene un brillo diferente, pero todas son igual de divertidas.
Una noche como cualquier otra se reunieron Oiana, Maribella, Kira, Mimosa y Cuchita en su rincón favorito del cielo.

Mimosa: Hola chicas ¿A qué jugamos hoy?

Maribella: A mí me gustaría ir al Cielo Musical, y subirme en las notas de música, a ver quién aguanta más sin caerse.
Kira: ¿Y si vamos a visitar a los meteoritos? podríamos intentar adelantarlos.

Oiana: O también podemos ir a jugar al Laberinto de Nebulosas. ¡¡La primera en encontrar la salida gana!!

Cuchita: Bueno... podemos jugar a todas esas cosas, la noche es larga, tendremos mucho tiempo para jugar.

Un viejo astro se acercó al grupo a ellas muy disgustado y bastante nervioso.

Astro: ¡Niñas se ha convocado una Reunión Celestial! Algo muy gordo ha debido pasar.

Las cinco amigas fueron con prisa al Rincón de Emergencias Celestiales y allí estaban reunidos todos los astros y estrellas del cielo.

Kira: ¿Qué ocurre?

Estrella: La Luna ha desaparecido. ¡Tenemos que buscarla! Los más sabios del Espacio Estelar piensan que algún agujero negro se la ha tragado... ¡No hay tiempo que perder!

Mimosa, Oiana, Kira, Maribella y Cuchita empezaron a buscar en Los Rincones Escondidos, otras veces que han desaparecido algunas estrellas las encontraron allí. Son dos rincones; en uno de ellos hay gran cantidad de cosas perdidas de algunos planetas. Trozos de cohetes rotos, un tejado de casa, un gran barco, trozos de robots oxidados, muchísimas pelotas de todos los tamaños y colores, naves espaciales y mil cosas más. Mimosa cogió una pelota y se la pasó a Maribella, las demás las imitaron y empezaron a jugar. Pasado un buen rato Oiana les recordó que debían seguir buscando.

En el otro rincón encontraron muchos trocitos de cristal, meteoritos, bolas de nieve, ríos pequeños y un planeta muy, muy pequeño, tan pequeño que parecía una pelota. Se acercaron a preguntarlesi había visto a la Luna.

Planeta: por aquí no ha pasado la Luna, ni nadie en mucho tiempo, como soy tan pequeño nadie se ha dado cuenta que estoy aquí escondido ¿Me prometéis que no se lo diréis a nadie?  Me encuentro tan bien aquí...
Cuchita: De acuerdo, pero si ves a la Luna dile que la estamos buscando por todas partes.

Se acercaron al Laberinto de Nebulosas por si estaba por allí. Entraron todas juntas y empezaron a buscar entre el polvo de estrellas del laberinto.

Maribella: Este es uno de mis lugares favoritos ¡Como brilla el polvo de estrella!

Se recorrieron el laberinto y preguntaron a las nebulosas si habían visto a la Luna. En el recorrido se pusieron a jugar a ver quién salía la primera de las nebulosas. Maribella salió la última, le gustaba tanto el Laberinto que no quería salirse de él. Pero seguían sin encontrar a la Luna y no debían perder más tiempo.

Fueron al Cielo Musical y se subieron en las notas musicales, que subían, bajaban; era tan divertido aquél lugar. Cada vez que se subían en una nota ésta emitía un sonido y como las estrellitas no paraban de saltar de una nota a otra, hicieron sonar una canción en el cielo. Era uno de sus juegos favoritos, sobre todo para Mimosa
Las estrellas preguntaron por la Luna y aquí tampoco la vio la había visto nadie.
Visitaron a los meteoritos y tampoco la encontraron allí.
Oiana: ¿Que pensáis? Tenemos que ir a los agujeros negros.

Mimosa: Que miedooooo....dicen que son muy oscuros.

Kira: ¡Pues claro, por eso son negros!

Cuchita: Tenemos que ser valientes y buscarla en los agujeros, la Luna no desaparecería sin avisar.

Maribella: Tienes razón Cuchita. Algo le ha pasado a la Luna. ¡¡Vamos a los agujeros sin pensarlo más!!

Y se pusieron en marcha las cinco estrellas totalmente decididas a encontrar a la Luna.
Cruzaron varios cielos, varias constelaciones y por fin vieron a lo lejos un gran círculo negro y lleno de la más absoluta oscuridad. Las estrellas se miraron unas a otras muertas de miedo. Todo el Universo sabe que los agujeros negros te absorben y no regresas jamás.

Kira: Vamos chicas, tenemos que hacerlo, lo hemos prometido. Buscaremos a la Luna y no pararemos hasta encontrarla.

Oiana: Pero si no podemos volver jamás ¿de qué servirá nuestra promesa? Deberíamos pensarlo bien.

Maribella: Yo pienso ir pase lo que pase.

Mimosa: Pues si tu vas yo también.

Cuchita: Yo pienso como Oiana; pero como somos tres contra dos haré lo que decida la mayoría.

Se acercaron las cinco estrellitas, muy juntas, al agujero negro, y sintieron cómo las absorbía hacia su interior. De pronto todo era negro, muy negro, y las estrellitas se mantenían muy juntas, temblando de miedo, pensando que nunca más volverían a su precioso rincón. No se dieron cuenta de cuánto tiempo estuvieron así... y de repente todo era luz y color.
Estaban en otra dimensión, donde todo resultaba mucho más bello, incluso ellas brillaban mucho más fuerte. Quedaron deslumbradas ante tanta belleza.

El espacio estelar brillaba con todos los colores, alternándolos, unas veces el cielo estaba azul, otras verde y naranja, y rojo con rosa y blanco. Se quedaron como hipnotizadas durante un buen rato.

¡Tilín, tilín, tilín! ¡Tilín!

Las estrellas escuchaban campanillas y se dirigieron en dirección al sonido. Llegaron a las puertas de un gran cielo lleno de estrellas de colores, con un brillo metálico deslumbrante. Una estrella Dorada se acercó a ellas...

Estrella dorada: Vosotras sois nuevas aquí, se nota en el brillo que tenéis, es muy simple. Si queréis podemos haceros brillar mucho más bonitas.

Kira: No necesito brillar más bonita gracias; pero me encantaría conocer este lugar a fondo. Sería estupendo quedarnos aquí una temporada.

Estrella Dorada: Todo el que viene aquí se queda para siempre

Cuchita: ¿Porqué? No entiendo porqué obligar a quedarse para siempre.

Estrella Dorada: ¡No obligan a nadie! Lo que pasa es que nadie quiere irse, este es el mejor lugar de todo el Infinito.

Oiana: A mí sí me gustaría brillar más bonita.

Maribella: Estrella Dorada ¿has visto a la Luna por aquí?

Estrella Dorada: Aquí todos somos estrellas y astros, todos brillan con luz propia, no hay lunas. Las que llegan tardan poco en pedir que se las convierta en estrella.

Mimosa: Pues si la Luna ha venido, tal vez ya no sea Luna. ¿Podemos quedarnos aquí todo el tiempo que queramos?

Estrella Dorada: Todo lo que queráis; seríais tontas si os marcharais.

Pasaron los tiempos y las cinco estrellitas ya no se reunían. Cada una de ellas tomó un camino diferente.

Oiana se convirtió en una estrella espectacular, su brillo deslumbraba, y se dedicó a recibir a los que venían del agujero negro, para encontrarles su lugar preferido; eso le hacía sentirse tan feliz que se olvidó de sus amigas.

Kira prefirió dedicarse a contemplar la belleza infinita del nuevo Universo; no se cansaba de descubrir cosas nuevas... y sin querer se olvidó de sus amigas.

Mimosa se dedicó a recitar poesía y todos los astros y estrellas se reunían a su alrededor para escucharla; se sentía feliz que dejó de recordar a sus amigas.

Maribella se quedó en el Cielo de los Arco Iris de Brillos Celestiales. Cada vez se enamoraba de un arco iris diferente, y aprendió a organizarlos y a cambiarlos de aspecto. Se convirtió en una experta de los arco iris... y nunca más volvió a pensar en sus amigas.

Cuchita quiso ser una estrella pintora, y daba color al cielo desprendiendo brillo de colores. Los mezclaba con tanta gracia que el cielo ganó en belleza... y tanto le gustaba su nueva ocupación que se olvidó de sus amigas.

Y pasaron los tiempos...

Un día Oiana recibió a una nueva visitante del agujero negro...

Oiana: Hola, acabas de llegar al lugar más bello del todos los Universos. Estoy aquí para encontrarte un lugar preferido y convertirte en estrella.

Luna: ¿Oiana? ¿No me reconoces? Soy la Luna,  hace mucho, mucho tiempo tu y tus amigas salisteis en mi busca, creyendo que había desaparecido.

Oiana: ¿Mis amigas? No sé de qué me hablas. Además no te conozco, ¿quién te ha dicho mi nombre?

La Luna enseguida comprendió lo que había pasado, ella también estuvo una vez en ese mismo lugar, y fue una estrella feliz y solitaria, hasta que un día los colores del cielo se oscurecieron y la Luna volvió a recordar quién era. Menos mal que volvió al agujero negro antes de que el cielo volviera a encenderse. Cuando llegó a su Cielo de siempre le contaron que las estrellitas fueron en su busca.

Luna le preguntó a Oiana si conocía el lugar en el que se encontraban unas estrellas llamadas Maribella, Cuchita, Mimosa y Kira; y le pidió que la llevara hasta cada una de ellas. Cuando consiguió reunir a las cinco estrellas les contó toda la historia, pero no consiguió convencerlas de que volvieran con ella. Entonces la Luna pidió a Oiana que la dejara ser una estrella pintora del cielo y cuando vio la ocasión pintó el cielo de brillo negro como la noche más oscura. En ese mismo momento reunió de nuevo a las estrellas que acababan de recordar quienes eran, y se metieron por el agujero negro de vuelta a su Cielo.

¡Bieeeeeennnnnn! Gritaron al salir del agujero negro. Volvían a ser ellas, las de siempre, volvían a ser esas cinco estrellitas muy, muy amigas, y se reunieron esa misma noche en su rincón. Se dieron cuenta que la felicidad de aquél lugar era un espejismo. La Luna se hizo muy amiga de ellas, y una vez al mes se reunía con sus amigas a jugar.
Ahora en el Universo todos las conocen por ser tan valientes.


Y colorín colorado...... espero que os haya gustado.

*Cuchu*


Y colorín colorado...... espero que os haya gustado.

*Cuchu*

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lunes, 21 de diciembre de 2009

Navidad Para Todos




En Diciembre la nieve caía  y todo se teñía de color blanco; los niños y niñas preparaban los adornos navideños con su familia mientras cantaban villancicos.
La Navidad es una fiesta en la que todos nos reunimos con la familia y amigos... todos menos un pequeño gatito que no tenía a nadie con quién pasarla.

El pobre no sabía adónde ir, se había perdido unos días atrás y no tenía dueños ni familia. Andando por la calle se fijó en un cubo de basura que estaba abierto y se acercó a mirar; empezó a buscar comida y algo se movió... ¡qué susto!, un ratón salió corriendo entre las patas del gato.

-Espera-. Dijo el gatito.

-¿Quieres que me quede aquí a ver cómo me comes? A lo mejor te crees que soy tonto- dijo el ratón un poco chulito.

-No voy a comerte, sólo quiero hablar contigo un ratito. Nunca he comido ratones- dijo el gatito con pena.

-O sea que eres tonto. ¿Nadie te ha dicho que los gatos comen ratones?, ¡y yo no pienso ser tu cena! Adiós atontao- el ratón se dio media vuelta y moviendo el rabo con mucha chulería empezó a correr.

El gatito se quedó un poco triste... Siguió su camino entre las calles y oyó ladrar a un perro. Pensó en acercarse a charlar un rato.

-Hola ¿qué estás haciendo?- preguntó el gatito un poco temeroso.

-Estoy ladrando.

-¿Y por qué ladras?

-¡Porque he visto un gato!- contestó el perro cada vez más enfadado.

-Te has debido de confundir, yo no he visto ningún gato por aquí- contestó el gatito.

-¿No? Pues yo te miro a ti y veo uno. ¿Nadie te ha dicho que los perros persiguen a los gatos?-.

En eso pasó por allí el ratón de la basura y se acercó a ellos para cotillear un poco. El gatito miró al perro, y luego al ratón y les propuso que pasaran la noche los tres juntos, así no estarían solos. Tardó un rato en convencerlos, pero al final se quedaron con él.
 
Como hacía mucho frío y el suelo estaba lleno de nieve, se metieron los tres debajo de un carro de madera y se arrimaron mucho para darse calor. Esa noche se contaron muchas cosas.

El gatito les contó que se había perdido de la camada de su mamá, y que buscaba un dueño que le quisiera y le mimara.

El perro no quería tener dueño porque el que tenía le abandonó.

El ratón nació en una alcantarilla y un día que salió a explorar la ciudad, no volvió a encontrar su casa.
Se hicieron muy buenos amigos y decidieron no separarse nunca.
 
Por la mañana emprendieron el camino a ninguna parte. Las calles estaban llenas de adornos brillantes, y los niños y niñas cantaban villancicos mientras tocaban la pandereta, otros se entretenían en hacer un muñeco de nieve.

-¡Ay! Como me gustaría que uno de esos niños me cogiera y se quedara conmigo- dijo el gatito un poco melancólico.

-¿Para que luego te abandonen como hicieron conmigo?- contestó el perro a su nuevo amigo.

-O a lo mejor te pegan un escobazo, ¿por qué las mujeres tendrán esa manía de liarse a escobazos conmigo?, los ratones no nos comemos a nadie, y menos a una señora.

Pensaron que lo mejor sería salir de la ciudad para protegerse de los humanos, que se ponen muy pesados en la Navidad con tanta pandereta y tanto cantar.

En su viaje a ninguna parte vieron una casa muy grande, en medio del campo, y se dirigieron a ella con la esperanza de calentarse. Era una granja llena de animales de muchas clases. Un niño se les acercó por detrás con un plato de comida para cada uno.

-¡Vamos! No tengáis miedo, seguro que tenéis frío y hambre. Comed todo lo que os apetezca, y luego podéis dormir en el granero.

El perro, el gato y el ratón se acercaron a la comida muy despacio, no se fiaban demasiado, pero tenían hambre...

El niño se sentó cerca de ellos mientras comían y dijo: 

-Me llamo Ismael, y tengo una hermanita que se llama Daniela. Nos encanta cuidar de los animales, ¿queréis quedaros aquí a vivir?-.

Les puso un nombre a cada uno, al perro le llamó Tierra, por su color, al gato Nieve, porque era todo blanco, y al ratón le llamó Peque, por ser tan pequeñito. 
A Tierra, Nieve y Peque les gustó mucho su nombre, y los tres se le acercaron sin miedo. 
Peque correteaba entre las manos de Ismael, Nieve le lamía los pies y Tierra le acercaba el hocico mientras movía el rabo. Se sintieron tan bien que se quedaron a vivir en la granja.

En Nochebuena la familia de Ismael se reunió para cenar, Tierra, Nieve y Peque cenaron con ellos y luego jugaron con los niños, ¡cuánto cariño recibieron!

Estaban muy felices en su nueva casa, y como tres buenos amigos, durmieron juntos cerca de la chimenea, esperando a Papá Noel para darle las gracias por su nuevo hogar.

… Y naranja, anaranjado, este cuento ha terminado… ¿Os ha gustado?

*Cuchu*

lunes, 23 de noviembre de 2009

Historia de un Pedo


Un pedo salió muy fuerte hacia fuera....ya estaba cansado de estar encerrado en el trasero de un perro que se empeñaba en no dejarle salir. El pedo se sentía libre, ahora podría volar y conocer muchas cosas. Se acercó a una niña que estaba en el parque para presentarse a ella, pero la niña salió corriendo mientras gritaba -que mal huele...

El pedo no entendía nada...vió a una señora muy guapa y se arrimó a ella, y antes que pudiera hacer nada había salido corriendo mientras decía -que poca educación tienen algunos.....que mal huele-

Cada vez que el pedo intentaba hacer amigos, todos salían corriendo y quejándose del olor. El pedo empezó a pensar que la gente está un poco loca y lo intentó con los animales. Primero se acercó a un conejo, el conejito empezó a olerle y salió dando brincos....un gato también se fue corriendo, y así todos los animales. Nadie quería al pobre pedo y decidió irse lejos donde nadie le oliera.......en medio de un bosque grande había un charco de barro, del barro salían burbujas que sonaban igual que un pedo, y olían igual que un pedo.... ¡Que alegría! dijo el pedo. Aquí no estaré solo, todos son como yo....

El pedo hizo muchos amigos en el charco de los pedos y se quedó allí a vivir para siempre....porque hasta los pedos pueden hacer amiguitos jajajajajaja

Y colorín colorido....espero que os haya divertido

*Cuchu* votar

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