
Choco es un perro muy cariñoso, es de color chocolate, de ahí su nombre. Su
dueño es Pablo, un niño de seis años. Juegan mucho todas las tardes cuando la
mamá de Pablo los lleva al parque.
Un día, cuando Choco jugaba con Pablo vio llegar una linda perrita blanca. ¡Guauuuuu!
Choco no pudo contenerse, se enamoró nada más verla.
Se acercó con timidez a ella, y como no decía nada, la perrita preguntó - ¿Qué
miras tanto?
- Eres muy guapa, por eso miro. ¿Cómo te llamas?
- ¿Me llamo Blanca y tú?
- Yo soy Choco; nunca te había visto por aquí. ¿Eres nueva en el barrio? -
dijo Choco
- Si llevo dos semanas con mi nuevo dueño, soy un perro lazarillo.
- ¿Lazarillo? -. Preguntó Choco sin entender.
- Mi dueño es ciego. Yo he sido entrenada para hacerle la vida más fácil y
llevadera, además de protegerle del peligro- dijo Blanca llena de orgullo.
- ¡Vaya eres una heroína!¡Seguro que tu vida es muy interesante!
Choco se quedó bastante impresionado con lo que Blanca le contó.
Una tarde la mamá de Pablo dijo que no podía llevarlos al parque porque
esperaba visita. Choco no pudo evitar sentir pena, ¡tenía tantas ganas de ver a
Blanca!
Cuando sonó el timbre y abrieron la puerta a Choco casi le da un patatús, ¡Blanca
estaba entrando por la puerta! Choco jugó toda la tarde con Pablo y Blanca, fue
genial...
Esa noche Choco pensó que le gustaría ser un perro lazarillo o un San
Bernardo que salva vidas en la nieve, o un perro policía. ¡Admiraba tanto a
Blanca!
Por mañana se levantó muy temprano y se fue de casa a conocer mundo, quería
convertirse en un héroe, como su amiga. Alguien a quien los demás admiren.
- Tengo que servir para algo más que ser un perro mimado, cuando me consiga
ser un gran perro valiente volveré con Pablo- dijo Choco muy decidido a cambiar
su destino.
Cuando Pablo se despertó y se dio cuenta que Choco no estaba empezó a
buscarlo por todas partes. Al no encontrarlo empezó a sentirse muy preocupado,
¡quería tanto a su perrito!, ¡y le hacía tanta falta! Era su compañero de
juegos.
Llamó a mamá y salieron a buscarlo por la calle, pero no lo encontraron.
Mamá pegó carteles con la foto de Choco en por los rincones de la ciudad, con
la esperanza de que alguien les dijera dónde estaba. Pablo se sentía muy triste
sin su mejor amigo, que siempre le hacía reír con sus gracias.
Choco no sabía dónde ir, y tampoco sabía qué hacer. Echaba tanto de menos a
Pablo....
Empezó a recordar cuando fueron a recogerle a la perrera, y un día que Pablo
siendo muy pequeño se salió a la calle gateando, sin que mamá se diera cuenta y
él lo hizo entrar en casa ladrando. Otro día fue Pablo quien le ayudó cuando se
quedó encerrado en el garaje, cuántas veces se habían ayudado los dos.
- Soy un egoísta, con lo bien que se portan conmigo y yo les abandono, será
mejor que vuelva a casa- se dijo Choco pensando que no merecían que los
abandonara sin avisar.
Cuando llegó a casa había pasado un día desde que se fue. Todos se
emocionaron al verle y le abrazaron llenos de alegría. Blanca que estaba de
visita se acercó a Choco y le dijo:
-Vaya cuanto te admiro, no sabía que fueras tan importante en la vida de
Pablo.
Choco no entendía muy bien por qué le admiraba Blanca, no había hecho nada
extraordinario, aparte de marcharse sin decir nada a nadie y darles un
disgusto. Se sentía un poco avergonzado por su comportamiento.
- Pablo le ha contado a mi dueño que cuando apenas sabía andar, tú le ayudabas
a no caerse; si lloraba le hacías reír con gracias, y que siempre le haces
feliz sin esperar nada a cambio. Eres un perro muy especial -. Dijo Blanca.
- ¡Y yo que me fui porque quería ser especial!- contestó Choco.
Ya nunca más se fue de casa porque no necesitaba hacer nada extraordinario
para ser especial, comprendió que hacer felices a los demás, quererlos y darles
cariño es lo más extraordinario que alguien puede hacer. Y sentirse tan querido
por Pablo, su madre y Blanca le hizo ver que él es muy especial también.
Y naranja anaranjado, este cuento ha terminado... ¿Os ha gustado?
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Cuchu*