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domingo, 17 de abril de 2011

Penélope y María



Ilustración de Esteban Bayo



Penélope era una preciosa niña, que vivía en una gran casa, tenía los mejores juguetes, la ropa más bonita, los zapatos más caros y lazos de todos los colores para el pelo.
Siempre había tenido cuanto deseaba y era muy feliz. Sus fiestas de cumpleaños eran famosas por ser las más divertidas. Todos los niños querían jugar con ella. ¿Qué más se podía pedir?

Un día su padre llegó a casa muy triste y reunió a la familia para darles una mala noticia...

-Estamos arruinados- dijo mirando al suelo tratando de contener las lágrimas -tendremos que vender esta casa y todo cuanto poseemos... incluso tus juguetes Penélope. Las deudas son tan grandes que nos quedaremos sin nada.- Dijo mirando a la niña con gran pena.

La madre de Penélope la abrazó con cariño y mirándola a los ojos le acarició el pelo con expresión de tristeza. La niña miraba a uno y luego a otro sin entender muy bien lo que pasaba.
Su padre tuvo que vender todo, muebles, juguetes, ropas... todo. Se quedaron con lo justo y se fueron a vivir a una casa pequeña y vieja, en un barrio donde todo el mundo era muy pobre. Penélope dejó de recibir la visita de sus amigos, ya no tenía con quien jugar  y empezó a sentirse muy sola.

Empezó a ir a un colegío nuevo,donde no conocía a nadie. Observaba a los niños y niñas en el recreo... eran muy diferentes a ella y no se atrevía a decirles nada por si la rechazaban.
Una niña se le acercó muy sonriente...

-¿Quieres jugar?- le preguntó a Penélope.

- No tengo juguetes, no puedo jugar- contestó la pequeña con cara triste.

-No hace falta tener juguetes... ¿juegas o no?- dijo Vanesa, que así se llamaba la niña.

-Vale; pero no sé jugar sin juguetes- dijo Penélope preocupada.

Los niños del colegio le enseñaron a jugar al “pilla pilla” , al pañuelo, al escondite, etc., y se lo pasó en grande. Cuando llegó a casa se lo contó a su madre. Se sentía muy contenta y se había divertido mucho porque había conocido a muchos niños.

-Mamá han todos han querido jugar  conmigo y no les ha importado nada que no tenga juguetes.

Su madre cuando vio a Penélope tan contenta, sintió una gran alegría. Ver feliz a su hija era el mayor regalo del mundo. Cuando su padre llegó a casa, después de una dura jornada de trabajo, Penélope le contó lo contenta que estaba con su nuevo colegio. Su padre sonrió por primera vez desde que se arruinara.

Penélope iba muy contenta al colegio porque allí estaban sus nuevos amigos, y aprendió muchos juegos y canciones. Se sentía muy bien con su nueva vida y no echaba de menos nada de lo que tenía antes, ni siquiera a sus anteriores amigos.

Un día fue con sus padres al centro comercial y se cruzó con María, la que antes era su mejor amiga. Penélope se acercó a saludarla y la niña la miró como si no la conociera, marchándose sin decirle nada. Ella no entendía por qué María hacía eso y se dirigió con enfado a su amiga para saber qué había hecho ella de malo.

-¿Por qué no me hablas? Antes eras mi amiga, siempre he sido buena contigo- le dijo Penélope.

-Antes eras como yo, ahora eres pobre. No tienes juguetes, vives en una casa vieja y fea y ¿te has visto?, vas vestida fatal. Ya no me apetece estar contigo. No eres tan divertida -. Contestó con aires de superioridad María.

-No tengo nada de pobre- contestó Penélope -tengo muchos amigos, que me quieren de verdad, no necesito tener juguetes porque he aprendido a divertirme sin ellos. No necesito nada de lo que tenía antes... y soy muy feliz.- Y dicho esto se dio la vuelta con la cabeza muy alta y se agarró de la mano de su madre, contiendo las lágrimas, porque ella quería mucho a María y le dolió que la despreciara.

Pasaron los meses y llegó el verano. Penélope no volvió a recordar su anterior vida de niña rica. Incluso se alegró de ser pobre, porque se sentía valorada y querida por ser ella misma, y no por tener los mejores juguetes o la ropa más de moda.

Una mañana Sergio y Vanesa vinieron a buscarla muy alborotados, al parecer se estaban mudando unos nuevos vecinos al barrio.

-Están descargando muebles en la casa pequeña- dijo Sergio.

-Y yo he visto una niña de nuestra edad entrando a la casa- dijo Vanesa.

Los tres niños salieron a la calle a curiosear. Querían conocer a sus nuevos vecinos.
Una niña salió de la casa y Penélope abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma.

-¿Qué te pasa? pareces un sapo con esos ojos saltones- dijo Vanesa al fijarse en la cara de su amiga.

La niña de la casa pequeña vio a Penélope y sintió tanta vergüenza que su cara se puso roja como un tomate.

-Hola María- dijo Penélope saludando a la niña.

María agachó la cabeza y se metió en la casa.

-¿La conoces?- preguntó Sergio.

-Si, antes era mi amiga... hasta que mi padre se arruinó y vine a vivir aquí. Después ya nunca quiso saber nada de mí.- contestó Penélope con tristeza al recordar el encuentro en el centro comercial.

En el barrio las tardes del verano eran muy divertidas. Todos los niños salían a jugar, mientras sus padres sentados en los bancos del parque charlaban de sus cosas. Penélope miraba la casa pequeña, esperando que María saliera a la calle; pero pasaban los días y la niña no salía nunca. Penélope empezó a sentir pena y preocupación por María, que seguramente prefería estar sola a pedir que la dejaran jugar. Pensó ir a buscarla, pero no se atrevió porque sabía que su antigua amiga era muy orgullosa y le diría que no. Tenía que pensar cómo hacer para convencerla.

María se pasaba las tardes asomada a la ventana mirando cómo jugaba Penélope. Estaba muy arrepentida de cómo se portó en el centro comercial, fue demasiado orgullosa al despreciarla por ser pobre... y ahora la pobre era ella. Al menos Penélope tenía amigos, ella ni siquiera eso. Se sintió una tonta por haber pensado que los pobres eran peor que ella. Ahora se daba cuenta de su error, porque ella no se sentía peor ahora que no tenía nada... seguía siendo la misma niña de siempre, sin juguetes, sin lujos; pero seguía siendo la misma María de siempre... y Penélope también era la de siempre ¡qué tonta fue al no darse cuenta de eso!

-Cariño... ¿Por qué no sales a jugar?, estoy segura que ahí fuera hay niñas que están deseando conocerte...- dijo su madre a María.

-No me apetece mamá... más tarde jugaré-  contestó la niña con un nudo en el estómago. Sentía tanta vergüenza de lo mal que se había portado con su mejor amiga, que prefería quedarse en casa.

-Está bien, si no quieres jugar no juegues, pero ahora mismo te vienes al parque conmigo, ya está bien de pasarse el día encerrada en casa-. Dijo su madre a la niña mientras la sacaba a la calle.

Penélope vio a María sentada en un banco con su madre y pensó que ese era un buen momento para intentar de nuevo hablar con ella.

-Hola María... ¿Quieres jugar con nosotros? Nos faltas tú para jugar al pañuelo- dijo Penélope guiñando un ojo a María y cogiéndola de la mano. Pensó que tratándola como si nada hubiera pasado, su amiga no tendría que pedir perdón por nada y tal vez así se animaría a jugar.

María en ese momento sintió un gran cariño y mucho agradecimiento por Penélope y decidió que debía pedir perdón, aunque no hiciera falta, porque su amiga ya la había perdonado.

-Penélope, quiero decirte que fui una tonta... por favor perdóname, he aprendido la lección. El orgullo no sirve para nada... bueno sí para hacer que me sienta muy sola y me quede sin mi mejor amiga-.

Las dos niñas se miraron a los ojos y emocionadas se abrazaron.

-Ahora tendrás muchos amigos María, ser pobre no es nada malo ¡todo lo contrario!, yo estoy más feliz que una perdiz jajajajaa- contestó Penélope más contenta que nunca.

Y María aprendió a jugar sin juguetes como hiciera Penélope meses atrás... también aprendió que no se debe despreciar a nadie porque las buenas personas pueden ser pobres o ricas, pero siempre son buenas personas. Comprendió que tener más juguetes o más dinero, no te hace mejor y que no tener dinero ni juguetes, no te hace peor. Pero sobre todo aprendió a valorar la amistad, que es la mayor de las riquezas.

y naranja anaranjado... este cuento ha terminado. ¿Os ha gustado?
*Cuchu* Safe Creative #1104178995010 Compartir







3 comentarios:

Caminante Silencioso dijo...

Que bonito y que real...aun siendo adultos vemos muchas Penélopes y muchas Marías que afortunadamente aprenden a jugar al juego de la vida gracias a la desdicha de la primera...asi hay dos Penélopes y esa desdicha pasa a ser un escalón para subir mas alto en el avance hacia nuestra misma esencia.

Gracias por tan bonitos cuentos!

Clau dijo...

Excelente! me gustó mucho leerlo Cuchu, como siempre tus aportes con los cuentos nos hacen pensar...gracias por esta entrada:) un abrazo grande!

Fran Herrera dijo...

Te escribo para decirte que me encantan tus cuentos, y este en especial porque en esta época que estamos viviendo, es difícil de cotar a los pequeños de la casa que no se pueden comprar todo lo que ellos desean. Un saludo, te sigo ;)

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